viernes, 24 de abril de 2015

El tema del viernes: I want love

Anoche tuvimos un lapso arrebatado por Elton John en la redacción de este espacio sagrado conocido como DISCOS PERFECTOS. Arrancamos con Rocket man, tranca, temón (Mars ain't the kind of place to raise your kids). Saltamos a Tiny dancer, recordando especialmente la escena del micro en la pelícual Almoust famous. Retomamos por el camino de Honky Château para luego hacer un salto hacia el futuro, pasar por This Train Don't Stop There Anymore y finalmente recaer en I want love, canción cuyo videoclip está protagonizado por el actor Robert Downey Jr. Iron Man, bah. Como todo tiene que ver con todo, y manejamos un altísimo nivel de ansiedad (manija) ante el estreno de Avengers: Age of Ultron, decidimos que el tema del viernes le correspondía a Sir Elton. Mientras tanto, vamos preparándonos para ir al cine a pochoclearla toda.
Descansen, amense los unos a los otros y tengan un bello fin de semana.
Elton John - I want love
Del disco Songs from the West Coast (2001)
 

miércoles, 22 de abril de 2015

Corramos hacia los árboles

Into the trees, es un homenaje a The Cure en forma de disco doble, curado y publicado por A forest records y LPR Discos que incluye a veintiseis artistas emergentes. El primero de los álbumes abarca el período de la banda que va de 1978 a 1984. El segundo, comienza en 1985 y termina en 2008. Editado ayer 21 de abril, justo el día en el que Robert Smith cumplió 56 años, el trabajo (que se puede escuchar online y descargar en forma gratuita) sirve como una demostración de la profunda huella dejada por Smith y su obra.

martes, 21 de abril de 2015

Wonderful, glorious

Por Clara Sirvén (@clarasirven)
Especial para DISCOS PERFECTOS
El Royal Albert Hall por un lado, en Londres, salón icónico de recitales, fundado en 1871, con capacidad para cerca de 6 mil personas,  con un prontuario de participantes de la talla de Beatles, Rolling Stones, BB King, Bob Dylan, Sinatra, Eric Clapton, con una estructura formidable, con un ambiente encantador.
Mark Oliver Everett por el otro, californiano, un poco torpe, un poco triste, pasando los 50, vestido de gris, con 11 discos en la mochila y la oportunidad de tocar nuevamente en uno de los 9 “monumentos Grado 1” de Inglaterra.
Luego de de 9 años y 5 discos, todos distintos entre sí, Mr. E volvió, con nuevos secuaces vestidos de profesores de matemática y puro talento, al escenario que lo vio  por primera vez presentando Blinking Lights and Other Revelations, disco doble grabado luego de la muerte de su hermana, disco que le costó años de trabajo, negociaciones y negativas para editarlo tal cual quería, el disco más difícil de su carrera.
Pero el 30 de junio del año pasado el que tocaba era otro. Era un Mr E un poco más positivo, un tantín menos belicoso, un montón más de música. Luego del disco triste que editó en 2005, trajó Hombre Lobo en 2009 (oscuro), End Times 2010 (nostálgico), Tomorrow morning 2010 (Dos discos, un año), Wonderful Glorious 2013 (luminoso, abierto) y The Cautonary Tales of Mark Oliver Everett 2014 (personal, cariñoso). Retomando: en junio del año pasado, E metió todos sus discos, sensaciones, historias e instrumentos, revolvió, mezcló, acomodó y salió: Eels Royal Albert Hall, cd x 2, dvd, vinilo, edición digital y hasta poster.
La música: dos discos, repaso de sus 11 discos, cover de Elvis, un show de caballeros (autoproclamados), turnándose entre guitarra, piano, trompeta, campanas. Resultados asombrosos, sí.
La Peli: “Un material filmográfico maravilloso”, leí por ahí. Sí, claro. 9 cámaras en un lugar fabuloso con un show exquisito y la estética londinense que mamma mía, qué bien está. Por supuesto que es un material maravilloso, contiene un show estupendo de una banda estupenda. También se encuentran reuniones de backstage y demás perlitas. Se ve una y mil veces en loop, de fondo, relojeando la pantalla y sonriendo al encontrarse con un ñoño inseguro al frente de tremenda performance.
El poster: adjunto.
El resultado: un diez.

lunes, 20 de abril de 2015

Disco Radio S01E25

El tracklist del programa
Primer bloque

  • La Roux - Sexotheque
  • Martillo - Quiero sentir
Segundo bloque
  • John Lennon - Steel and glass
  • Morrissey - Do your best an don't worry
  • Propellerheads - Velvet Pants
Tercer bloque
  • Kula Shaker - Hey dude
Cuarto bloque
  • El cuarteto de Nos - No llora
  • S3GBA - Sube

5 días 5 discos (de músicos/escritores)

La reciente publicación de Muy Shangai, el libro de poesías escrito por Pola Huarte (cantante de Glauber, baterista de León Rogani y el Hiperfulbó) y editado por Ediciones del bien sirvió como disparador para el #5Días5Discos de esta semana. Se sabe que el rock y la literatura tienen una larga relación. De ese vinculo, que de por sí amerita un largo trabajo de analisis, extrajimos un quinteto de ejemplos de trabajos discográficos de artistas que también haya probado sus talentos (o al menos lo hayan intentado) en el mundo de las letras.
  • Lunes: Bob Dylan - Libro: Tarantula (1972) Disco: Blonde on blonde (1966)
  • Martes: Jarvis Cocker - Libro:  Mother, brother, lover (2011) Disco: This is hardcore (1998)
  • Miércoles: Alex Kapranos - Libro: Sound bites (2006) Disco: Franz Ferdinand (2004)
  • Jueves: Patti Smith - Libro: Just kids (2010) Disco: Horses (1975)
  • Viernes: Pola Huarte - Libro: Muy Shangai (2015) Disco: Las batallas/Los Días (2012)

Lunes:
 
Martes:

Miércoles:

Jueves:

Viernes:

jueves, 16 de abril de 2015

Sincronicidad

Hay fuerzas que actúan más allá de nuestra comprensión humana. A veces pasa que la danza cósmica provoca la alineación de los planetas. El lento movimiento circular de los cuerpos celestes los coloca uno atrás de otro, de manera que no es difícil trazar una línea imaginaria que los atraviesa, los une, como una flecha que atraviesa los confines de la galaxia para acertar con toda la fuerza del destino en un lugar cualquiera de nuestro sistema solar, en una plaza, una avenida, o un bar. Un instante en el que todo complota, el ambiente, la compañía, la música (sobre todo ella, la única constante) para dar una señal inequívoca, como una epifanía, una revelación de algo que está a punto de pasar. O ya está pasando. Un instante en el que todo parece guionado para que suene la canción adecuada en el momento preciso.
Lo que estoy a punto de relatar es un ejemplo extraído de la vida real, aunque los nombres verdaderos de los protagonistas no serán revelados para mantener a salvo sus identidades.
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy cercana, dos que habían sabido mantener una relación, un noviazgo de algo más de tres años, se encontraron en una multitudinaria reunión (un encuentro de diez personas bajo un mismo techo justifica ampliamente el termino de multitud). Los ex tortolos, puestos a jugar en un engañoso modo amistad, se sentaron uno al lado del otro y comenzaron a departir con el resto de los asistentes, ignorantes de las fuerzas que empezaban a moverse en un plano superior.
Todo permaneció en los carriles normales de cualquier encuentro. Gritos, risas, botellas, vasos, brindis porque sí, chistes internos, bullicio, alaridos. Hasta que ellos, los dos protagonistas de la historia, los supuestos amigos, comenzaron a abstraerse del ruido exterior, entrando en un juego conocido, familiar, cómplice. Dejándose llevar. Ella, provocadora consciente, lo invitó a un laberinto de dobles sentidos, de decir sin decir, al que él se prestó sin mayores objeciones. Él sonrío más de la cuenta y fingió desentenderse ante una encantadora escena de celos.
Uno de los participantes de la reunión, conocedor de la historia previa entre los protagonistas, observó toda la escena manteniendo precautoria distancia. Cuando la perdida de compostura del muchacho ante las maniobras de la dama era evidente, llamó la atención de su amigo, pidiéndole que escuché la canción que sonaba en los parlantes del bar. Todo pasa por una razón. El universo gira, se expande y se contrae, pone la música para que nosotros nos entreguemos a la danza (are we humans or are we dancers?). Lo que sonaba en los parlantes del bar (Delirio, enfrente de la cancha de Ferrocarril Oeste) era Costumbres argentinas, la canción de Los Abuelos de la nada, justo en la parte en la que Andrés Calamaro canta, casi en forma de advertencia, eso de "muerdo el anzuelo y vuelvo a empezar de nuevo". Demasiado tarde. Él ya había mordido.


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