miércoles, 20 de julio de 2011

Amigos (Parte 1 de 2)

Deberíamos estar celebrando la llegada del hombre a la luna, o esa farsa creada por la NASA. Pero no. Por iniciativa del odontólogo argentino Enrique Febbraro, cada 20 de julio festejamos el día del amigo, uno más en la larga lista de inventos nacionales. Así, cada vez que llega la fecha en cuestión, los restaurantes y bares se llenan de gente, proliferan las picadas, humean las parrillas y chocan las copas de manera incesante. Y nadie se acuerda de los buenos de Neil Amstrong, Edwin Buzz Aldrin y Michael Collins.
En fin. La amistad se construye en base a afinidades y momentos compartidos. Se van creando códigos y pequeños rituales propios. Hecha raíces a partir de lugares de pertenencia e intereses en común, hasta crear un sentimiento casi fraternal con el otro. Hermanos que se eligen suele decirse de los amigos.
Hay distintos elementos que fortalecen esos lazos. A saber: el colegio; lugar de trabajo; un deporte; un equipo formado por troncos entusiastas (guiño guiño); las salidas; la música. Y dentro de ese ítem puede estar, por que no, una canción de una banda de gloria pasajera. Como “I touch myself” de The Divinyls.
The Divinyls es la esencia misma del one hit wonder. Un duo australiano, integrado por un clon de Brian Jones de nombre Mark McEntee y una hermosa cantante llamada Christina Amphlett, cuya existencia misma está justificada por el tema que los catapulto a la fama mundial. Canción que nos daba el pie para nuestra pequeña e insignificante ceremonia. Y no. No me estoy refiriendo a onanismo grupal.
Hace mucho tiempo, solíamos aprovechar el descanso de semana santa para escapar a Mar del Plata con tres de mis amigos más cercanos. En uno de esos viajes, casi como por accidente, sonó “I touch myself”. La reacción fue instantánea. Cantamos, aullamos mejor dicho, la canción en un dudoso inglés. El momento del climax llego con la entrada del último estribillo, justo después de los gemidos de la cantante pelirroja. Gritando y agitando las remeras fuera del auto, acompañamos el final del tema, cerrándolo con un estruendoso aplauso.
Ninguno de nosotros recuerda al día de hoy a quien pertenecía el cassette que incluía el tema. Lo importante es que, cada año, cada vez que repetimos la excursión, The Divinyls tuvo asistencia perfecta en nuestros compilados ruteros. Y la ceremonia se repitió invariablemente.
Puede que este no se el típico post para un día como hoy. El Top Five con canciones sobre la amistad quedará para mañana. Ahora simplemente quisiera agradecer a cada uno de mis amigos, representados en esos cuatro desaforados revoleando sus remeras por las ventanas de un Fiat Spazio al ritmo de una canción inolvidable. Amigos, ellos y el resto, sin los cuales, nada merecería la pena de ser llevado a cabo en esta ferviente sucesión de desencuentros, con breves recreos de felicidad, que llamamos vida.*

*La frase del final no me pertenece. Está en los agradecimientos del disco de Los Barriletes, banda que integraba El Brujo… un amigo.

The Divinyls – I touch my self
Del disco Divinyls (1990)


4 comentarios:

  1. Qué buenos recuerdos... La reedición de uno de esos viajes sería invaluable de verdad.
    Menos mal que aclaraste que el ritual no tenía nada que ver con la letra de la canción!

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  2. No se porq motivo pero muchas veces que me ha tocado salir de viaje... camino a mi destino en la radio ponen esa cancion... increible!!!
    Negro

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  3. Da para comercial de cerveza vos y tus amigos cantanto "i touch myself" a los gritos... jaja.. q linda anecdota y muy bien relatada...!

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  4. Rom: Opa! Es buena idea esa eh! Vamos a tener que venderla a alguna agencia de publicidad, ja...
    Gracias!
    Negro: Es el destino. Esa canción nos persigue.
    Juanca: Garparía un viaje a Mardel, no? Sería un road trip de locura.

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