viernes, 9 de marzo de 2012

Un arquitecto prodigioso

Piel de gallina. Esa es la primera reacción física. Suena el portentoso riff de guitarra de In the flesh y una corriente eléctrica me recorre el cuerpo, dejándome con la boca abierta por el asombro que me causa eso que mis ojos vidriosos intentan capturar desesperados. Sobre el escenario ¿Roger Waters? ¿Pink? me pregunta, nos pregunta, ¿no es esto lo que esperabas ver? La respuesta ya la sabe de antemano.
Para muchos, entre los que me incluyo, esta recreación de The Wall sirve para cumplir, en parte, con el sueño de ver tocar a Pink Floyd. Las versiones suenan, salvo pequeños detalles, como las del disco. Tanto que si uno cierra los ojos, uno puede pensar tranquilamente que viajamos en el tiempo, que estamos en Londres en 1980 y que al bajista lo acompañan Gilmour, Wright y Mason. Claro que mejor no tener los ojos cerrados mucho tiempo, no es cuestión que la melancolía nos haga perder el espectáculo.
No se trata de un show de rock en el sentido tradicional. El sonido cuadrafonico, las imágenes proyectadas sobre esa pared de ladrillos que se va levantando conforme avanza el recital, junto al hecho de que la banda pasa gran parte del mismo fuera del campo visual, convierten el estadio de River Plate en una gigantesca sala de teatro.
Algo que llama la atención es que Waters y su home theater viajero, logran lo inimaginable. Aplacar al autodenominado mejor público del mundo. Completamente subyugada por los estímulos visuales y sonoros, la audiencia permanece como hipnotizada en sus asientos, coreando de forma casi imperceptible las canciones, pendiente de lo que pasa a su alrededor.
El grado de compenetración de la gente es tal que, en la segunda parte de In the flesh, cuando los martillos cruzados ya tomaron la escena, los coquetos integrantes del campo vip saltan como poseídos a golpear al jabalí inflable que sobrevoló por sus cabezas un rato antes. Como sí el animal de plástico fuera el culpable de todos los males.
El disco de Pink Floyd, surgido de la visión de Roger Waters, es una obra de una autoridad artística tal que, potenciada también por la película de Alan Parker, logra atravesar treinta años para mantenerse vigente en su mensaje, y parecer absolutamente actual. De manera que permite a padres e hijos, seguramente con lecturas diferentes, entregarse y compartir la experiencia.
Experiencia que no sería la misma, si detrás de toda esa parafernalia high tech no estuvieran sonando canciones conmovedoras como Goodbye blue sky, Mother, Hey you o Confortably numb. Es la tecnología puesta al servicio de la música.
La metáfora circular se completa con la caída del muro. Los músicos, vestidos ahora de civil, salen a tocar el último tema, Outside the wall, en versión banda de pueblo con ukulele, banjo, trompeta y acordeón. Se bajan del escenario de a uno. Por supuesto, el último en irse es Waters. Se va satisfecho, se le nota. Aunque sepa que tendrá que seguir levantando paredes. Para volver a tirarlas.

Roger Waters – Goodbye Blue Sky
Del disco The Wall (1980)

7 comentarios:

  1. El show realmente es Excelente!
    Imposible no dejarte llevar por el viaje que propone Waters, es toda una experiencia audiovisual.
    El sonido perfecto, las videos alucinantes, y la parafernaria es increible.
    Hiper recomendable, deberia ser un "Must" para cualquier melomano!
    Personalmente me llega muchisimo, mi vieja me llevo a ver la peli a los 8 años y les juro que alucine, no entendia nada, pero entendi todo.
    Imposible no linkear cada cancion con su momento emotivo.
    Muy bueno el post Fer!
    Felicitaciones por el Blog :)
    Nos escuchamos por ahi

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    Respuestas
    1. Gracias Adri! Realmente es difícil de describir todo lo que The Wall me hizo sentir. Fue un show emocionante, de los mejores que me han tocado ver.
      Abrazo!
      PD: Tiene que salir la remera de #melománosenlanoche!

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    2. Qué locura. En mi caso soy yo el que invita a mis viejos a ver el recital.
      Cuando empecé a escuchar Floyd de adolescente me enteré que mi vieja lo había escuchado en su juventud, allá por los '70. Me acuerdo que se emocionó al ver que a su hijo, tantas décadas después, le gustaba lo mismo que a ella (aclaración: lamentablemente (por ella) solamente pink floyd jajaja).
      Hoy me toca verlo a Waters por 3ra vez en el país y no doy más de ganas... No quiero que ésta sea la última vez.. Espero que no lo sea.

      Después les cuento cómo me fue!

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    3. Juli, que bueno compartir eso con tus viejos.
      De seguro habrás flasheado con el show de ayer, espero tus comentarios al respecto!
      Abrazo.

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  2. Genial el show, el sonido impecable, una despliegue visual increible. Genial la descripción en el post, felicitaciones!! :D

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    1. Gracias Polly! Parece que The Wall live esta destinado a fijar un nuevo standar en lo que a shows de estadios. Impresionante.

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  3. Nací en el 73 y pase mi infancia escuchando Gaby Fofo Y mikiki, y el disco de meteoro, hasta que mi hermano mayor trajo a casa The Wall en el año 80 (unos 3 o 4 meses de su salida en nov 79), yo tenia solo 7 años, mi hermano lo puso, y lo escuchamos 2 veces seguidas, desde ese momento y por mucho tiempo escuche solo Pink Floyd, luego me hice un enfermo melomano del progresivo y la psicodelia, The Wall me enseño lo que era realmente la música, luego estudie 6 años música y ayer viví el día mas feliz de mi vida a pesar de que cada vez que Waters vino lo fui a ver, The Wall es muy especial para mi, un verdadero DISCO PERFECTO, muchas gracias por el post.
    Sdos Marcelo

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