lunes, 18 de junio de 2012

Mi disco perfecto: Neu!

Por David Irigoin (Autor de De mi discoteca)
Especial para DISCOS PERFECTOS
A finales de los ‘60 y comienzos de los ‘70, el mundo de la cultura joven era un caldero de nuevas ideas, de iniciativas renovadoras y, por supuesto, de psicotrópicos. Esta influencia narcótica, expansora de la conciencia, ayudó al surgimiento de una cantidad de propuestas que estribaban en el movimiento que más representativo fue de los efectos que las drogas que mencionábamos tenían en los cerebros tanto de los músicos como del público: la psicodelia. Inicialmente concebida en forma de expresión artística, visual y plástica, sus influjos pasaron a la música casi con naturalidad. Sus instrumentaciones exóticas, rítmicas peculiares y propensión a extensas improvisaciones hicieron de la música psicodélica el rey de la música popular allá a finales de los ‘60. Los pibes de aquel tiempo veían en este género libre, abierto y dinámico la salida que necesitaban a la música de sus padres. Así, la música se unió al espíritu rebelde que la contracultura -especialmente en los Estados Unidos- propendía y que se expresaba, por primera vez en la música pop, en las letras. Las armas nucleares, la guerra y la contaminación ambiental eran los tópicos favoritos de estos nuevos transgresores y se reflejaban plenamente en las canciones de aquellos días, pretendidos himnos revolucionarios de profunda inocencia pero fuerte impronta social.
Uno de los coletazos más interesantes de la psicodelia se dio en Alemania. En aquel país, la rebelión que expresaba este estilo se tradujo en que una serie de músicos de estudios profesionales y que se movían en los círculos de avant-garde -que por entonces estudiaban con fruición los trabajos de Karl-Heinz Stockhausen en el campo de la electrónica, y de LaMonte Young en el minimalismo y el ambient- comenzaran a volcarse hacia opciones de un énfasis más rítmico. En ese sentido, estos tipos estaban influidos socialmente por el popular movimiento político y cultural conocido como 68er-Bewegung, reacción colectiva de los estudiantes universitarios de la Alemania Occidental contra el sistema estudiantil que los albergaba, al que percibían como autoritario e hipócrita. Por esos días, la calidad de vida de los estudiantes en sus campus era bastante mala y el sistema democrático se halllaba bastante debilitado; todo ello generado por la recesión en que el país germano había entrado a partir del ‘66. Estos tipos proponían un regreso al marxismo más ortodoxo como una manera de terminar con las inequidades no sólo en Alemania sino también en el Tercer Mundo. Su ambiciosa misión se reflejó en protestas y activismo, y llevó a estos músicos de los que hablábamos a radicalizarse en un precepto: tomar la idea libre de la psicodelia y aplicarla en una forma musical de arte libre que a su vez no tuviera que ver ni con el blues yanqui ni con el folk inglés. En su lugar, tomaron ideas de la música de cámara (de Stockhausen, como decíamos) y de una de las grandes innovaciones de aquel tiempo, el free jazz de Ornette Coleman y Albert Ayler. El concepto, entonces, era escaparle a todo lo típico del rock y crear algo nuevo, propio, único y revolucionario.
Mucho tuvo que ver en esto el avenimiento de la música electrónica, los sintetizadores, samplers y cajas de ritmo. La expansión sonora y rítmica que estas innovaciones sugerían ayudó a la sensación rupturista que estos grupos querían transmitir. Los primeros que levantaron el oído y las cejas a este nuevo género fueron los periodistas de rock británico. En aquel momento, en el Reino Unido estaban viéndose los primeros efectos de otro movimiento igual de rupturista, pero tal vez más “clásico”: la escena de Canterbury -representada en grupos como Soft Machine o Gong- era una expresión también anclada en el free jazz pero con un ímpetu blusero y rockero que abrió las mentes de muchos de los ingleses de la época. Por eso, seguramente, la prensa de aquel país estaba atenta a las expresiones más de avanzada del rock. De todos modos, tomaron a lo que venía de Alemania casi como un chiste, cuestión que se reflejó en el nombre que le dieron a lo que ellos veían como una movida heterogénea (pero, como veremos, no lo era ni por cerca): lo etiquetaron como krautrock, jugando con el nombre de la ensalada de repollo que se le pone a los panchos por aquellos lares (y sacándolo parcialmente del título de un tema de Amon Düül, una de las primeras bandas del estilo). Irónicamente, este término le venía perfecto, porque lo que se escuchaba era una ensalada en la que la psicodelia, el progresivo, la electrónica, el free jazz y el avant-garde se entrecruzaban sin tapujo alguno.
Mucho tuvieron que ver en esto los trabajos de los ingenieros de sonido, claro. Hoy nos detendremos en un muchacho llamado Konrad Conny Plank. Conny fue fundamental en la formación de uno de los grupos pioneros de la veta más electrónica del krautrock, un dúo formado por los estudiantes del Robert Schumann Hochschule Florian Schneider y Ralf Hütter que se llamó Organisation y editó un único álbum de ambient y experimentaciones llamado Tone Float en el ‘70. Rápidamente entendieron que necesitaban expandir su sonido, y reclutaron varios músicos -guitarristas, bajistas, bateristas- para sus primeros álbumes. Aquí llegamos, finalmente, al meollo de la cuestión. En el primer disco del nuevo grupo, Kraftwerk (llamado como la banda) participaron el baterista Klaus Dinger y el guitarrista Michael Rother quienes, después de haber sido desechados por Schneider a principios de 1971, formaron su propia banda. Como una declaración de principios, la llamaron Neu! (nuevo) y para llevar a cabo el proyecto se aliaron nuevamente con Plank. En diciembre de aquel año ya se estaban metiendo en los estudios Windrose-Time de Hamburgo para grabar este, mi disco perfecto, que salió el año siguiente por el entonces novel sello Brain Records de la misma ciudad teutona.
¿Pero por qué es justo este mi disco perfecto? Porque siendo uno de los primeros álbumes de lo que más estrictamente nominamos como krautrock, es a su vez una de sus epítomes ya a primera vista. Su despojada y a su vez kitsch gráfica fue diseñada por Dinger, quien estaba bien informado respecto a los movimientos vanguardistas como el pop art y veía a sus contemporáneos como gente sin esta visión. Encima, le ponés play y te encontrás con uno de los clásicos del kraut, una monstruosidad de 10 minutos llamada “Hallogallo” en la que el propio Dinger, batero él, perfeccionó su rítmica característica, llamada motorik: un 4/4 con cortes abruptos pero sólo ocasionales. A eso sumale una infecciosa base y una guitarra tremenda, fuzzeada y verás por qué no toda la música experimental tiene que ser solemne y aburrida. El resto de este Neu! vadea entre temas más bien densos, ambientales y texturados como “Sonderangebot” y la distorsionada “Weissensee”, que cierra el lado A del álbum. El lado B es una suite de nombre “Jahresübersicht”, subdividida a su vez en tres segmentos bien diferenciados. De ellos, el más relevante es el clásico “Negativland” -otros nueve minutos de un caos bien controlado de hipnóticas percusiones- pero es menester mencionar a sus dos compañeras, el drone “Im Glück” y la pétrea, pastoral “Lieber Höenig” que cierra esta obra maestra que fue la carta de presentación de uno de los grupos más innovadores e interesantes de aquel confuso y complejo tiempo.
Personalmente, recuerdo aquel tiempo en que caí accidentalmente entre el kraut y el Canterbury cálidamente, como una de las primeras veces en las que acepté que la música puede estar por fuera de las convenciones, confundirte, desafiarte y hacerte crecer como oyente y como persona, ampliando tus percepciones. Neu! y sus momentos más rockeros como “Hallogallo” fueron de lo más estrambótico y memorable de todo lo mucho que escuché y aprendí en aquellos días. Tal vez por eso siempre me encuentro volviendo a ellos como quien vuelve a la casa donde entendió por primera vez que todo esto es una herida absurda.

Recuerden que ustedes también pueden participar de esta sección. Para eso sólo tienen que escribir sobre ese disquito que les vuela la peluca y enviar un mail a discosperfectos@hotmail.com
Neu! – Hallogalo
Del disco Neu! (1972)

5 comentarios:

  1. Sos muy capo, gracias por publicarlo... ¡Pero sobre todo por editarlo!

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  2. Gran disco, pasamos algo en la isla cuando nos animamos con el Krautrock.
    Hay que abrir los oídos y animarse a descubrir

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  3. David, gracias a vos por prenderte!
    Y aclaro que no hubo ningún tipo de edición en el texto je!
    Isla: No puedo estar más de acuerdo con eso de abrir los oídos y descubrir.

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  4. Gracias por todo! al autor del post, un grande de verdad. Por él descubrí este sitio. Sepan que están haciendo de mi insomnio un momento maravilloso!
    Al creador del sitio, por hacer lo que estuve pensando hacer como una forma de exorcismo durante meses y nunca arranqué.

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  5. Genio, no se si seguirás viendo esto o que. Esta banda la encontré de casualidad hace un tiempo, y me llamo la atencion escuchar nuevamente de ella. Básicamente lo que me asombro fue ese modo de "sample" o algo por el estilo de hallogallo que hace Smashing Pumpkins en su tema cherub rock. Yo soy músico y cada vez abro mas el oído y no paro de investigar, leer, meterme en el tema de sonido, épocas, etc.. y me di cuenta (ya hace mucho) que todo esta aparentado de una o otra forma, pero siempre algo nuevo te asombra, y la importancia que tiene el conocimiento, mas allá de lo técnico, del gusto musical. Ojala algún día alguien tenga el placer de reconocer eso en mi musica

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