martes, 21 de agosto de 2012

Mi disco perfecto: Piano Bar

Por Juan Gnius
Especial para DISCOS PERFECTOS
Por prudencia o no haber sabido entender de qué se trata el sitio, quiero corroborar las impresiones que me generó, para saber si coinciden con las intenciones de creador. Entiendo que se trata de un sitio de música pero, sobre todo, es un sitio de subjetividad. A ver si me explico un poco mejor.
La música es subjetividad. De su creador, de su intérprete, de su oyente, de su consumidor. ¿Este sitio trata de eso? Si es así, continuemos. Mi colaboración no tendrá relación con una crítica musical de las que se proponen como objetivas –y mienten, claro- ni tampoco como el de un tipo que reconoce un La mayor con sólo escucharlo (y me da bronca no poder hacer eso). Mi colaboración tiene sentido en tanto y en cuanto soy un oyente ecléctico de música desde hace varios años, gustoso de conocer cosas nuevas aunque, debo reconocerlo, en los últimos años mi curiosidad fue decayendo y me fui convirtiendo en un relector –sé que no da esa palabra, pero reescuchador es horrible- de varios discos. Melómano? Tal vez. Sé que hay mejores y más agudos oyentes. Pero, créanme, escuche mucho y muchas cosas varias veces. Es por eso, quizás, que estoy escribiendo esto sin haber vuelto a escuchar mi disco perfecto en cuestión.
Sin embargo, estamos hablando –siempre y cuando no me equivoque- de subjetividad. Y en este sentido debo marcar un mínimo error en el nombre del sitio: debería ser en plural. No existe el disco perfecto. No. Son muchos los discos perfectos.
Pero aquí estamos y es tiempo de dejar las peroratas de lado y elegir. Uno. El primero. Mi disco perfecto para mi primera colaboración. Por su música, por su época pero, en especial, por mi subjetividad, por mi vida. Señoras y señores: Charly García. Señoras y señores: Piano Bar (1984).
Los primeros cuatro golpes de Willy Iturri a su redoblante para dar inicio al disco y a Demoliendo Hoteles, su primer tema, me siguen emocionando. Mucha fuerza, un sonido cuasi metálico, único; un tambor a lo Charly García. Después, un par de notas del bajo de Alfredo Toth y la banda que se larga. Entera. Plena. Y empieza a cantar Charly, que aún cantaba, desgarrándose. “Yo que crecí con Videla” decía. Y mentía, porque él había crecido antes, bajo el signo de otras botas. Pero lanzaba un puente hacia los más jóvenes, los que habían crecido con Videla. Yo no crecí con Videla, si entiendo crecimiento con tomar conciencia de las elecciones que uno va haciendo, estéticas, de amigos, de adolescente. Charly no cantaba por él, ni me cantaba a mí. Pero le cantaba a un reverdecer democrático, que algunos llamaron primavera alfonsinista. Época que tampoco viví a pleno, era chico. Pero Charly se transformó en una especie de puente y quería airearse. Y los pibes en la esquina pintando y pegando carteles.
Vuelvo a los cuatro golpes de batería que inauguran el disco. También inauguraron mi nuevo equipo de música. Digo nuevo, no por renovación, sino que antes escuchaba algunos discos en el tocadiscos familiar. Y tenía 15 años. Y le rompía las bolas a mi viejo para comprar un equipo. De esos modulares: amplificador, cassettera, bandera, sintonizador y, ya era un lujo, ecualizador. Bueno, el presupuesto no dio para un equipo modular posta, sino uno que simulaba serlo. Raro. Todo integrado en sus partes, de manera vertical, pero sin ser un centro musical. Alguien se debe acordar.
Entonces, equipo nuevo requería disco nuevo. Y entonces Piano Bar. Y entonces los cuatro golpes de Iturri. Y antes mi emoción de apoyar la púa. Y después y ahora…uno de mis discos perfectos.
Sigue con Promesas sobre el bidet –no abandonen la lectura ahora, no voy a ir tema por tema- y ritmo sincopado, extraño. Y García maravilloso, con pocas palabras citadas describiendo un estado único: calambres en el alma.
Y los nuevos peinados nuevos. Y otro guiño a la nueva época. Y todo es válido, ir a la derecha, virar hacia la izquierda, ya no querer criticar posturas. Y gritá, desenchufá el cable del parlante. Viví. Eso es Piano Bar, ganas de vivir los nuevo tiempos. Aunque su sonido no sea tan novedoso como lo fue Clics Modernos, el disco predecesor, recuerdo que Piano bar fue recibido con beneplácito por la crítica especializada. Volvió Charly, decían.
El disco tiene temas que están en la memoria de todos. Además de los mencionados, Parte de la revolución, un infaltable en cualquier playlist de García.
Me gustan todas las canciones, le encuentro detallitos que me atraen. El disco transmite una atmósfera de frescura, de cierta alegría, de energía. Y nosotros, muy contentos.

Recuerden que ustedes también pueden participar de esta sección. Para eso sólo tienen que escribir sobre ese disquito que les vuela la peluca y enviar un mail a discosperfectos@hotmail.com 

Charly Garcia – Piano Bar
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Raros peinados nuevos
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Promesas sobre el bidet
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Demoliendo hoteles
Del disco Piano Bar (1984)
Charly Garcia – Cerca de la revolución
Del disco Piano Bar (1984)

3 comentarios:

  1. Primero, y lo más importante, voy a agradecer a Juan por su hermosa nota y su participación en Mi Disco Perfecto.
    En segundo lugar, veo los videos de las sesiones de Piano Bar y me es inevitable hacer el contraste con la imagen actual de García. Y de eso se desprende la siguiente pregunta: Es la de la trilogía Yendo/Clics/Piano la mejor versión del bicolor? Yo creo que si.

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  2. Coincido con la trilogía, pero es muy difícil dejar afuera de ese periodo Parte de la Religión. Creo que esos cuatro discos son la "trilogía"
    Juan

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  3. Totalmente de acuerdo: Parte de la Religión fué la cúspide en la carrera de Charly.
    A partir de ahí todo fué una suave (y por momentos pronunciada) pendiente descendiente...

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