miércoles, 4 de diciembre de 2013

Los discos de 2013 (Parte 3)

Por Joaquín Vismara (@joaquinvismara)
Rolling Stone
De acá:
  • Richard Coleman – Incandescente. Eterno actor secundario en el rock nacional desde los 80 a la fecha, Coleman siempre fue una figura inquietante, un alquimista de la oscuridad con una guitarra en sus manos. Pasados Fricción y Los 7 Delfines, el cuarto Soda que no fue empezó una nueva etapa en 2006, cuando se incorporó a la backing band de su amigo Gustavo Cerati. Incandescente, su segundo disco solista, es el balance entre dos mundos: la verba lúgubre que lo caracterizó siempre (“Esta noche serviremos el cuerpo de tu amante en bandeja de cristal”), pero en un formato más clásico que resalta dos virtudes que poco se le han reconocido hasta ahora: su talento como cantante, y también como guitarrista. Atrás quedaron los días del mandato dark: donde antes había desolación, ahora hay estribillos pletóricos de esperanza en canciones rockeras de sensibilidad pop.
  • Francisco Bochatón – La vuelta entera. Los discos de Francisco Bochatón no se construyen por oposición al resto de su obra, sino que buscan encastrar entre sí para formar parte de un todo. Mientras Peligrosos Gorriones coquetea con su regreso en muestras esporádicas repartidas en cuentagotas, La vuelta entera es un ejercicio de acercamiento y distancia a la vez. Cada vez que Bochatón acelera el pulso, las alusiones a la banda que lo hizo conocido no tardan en aparecer, pero el platense va más allá de eso, y entrega sus ya clásicas composiciones a corazón abierto. En el medio, hace lo que mejor le sale: juega con las palabras, las reacomoda, las ubica estratégicamente, evoca imágenes y les exprime su significado, pero también su sonoridad.
  • Babasónicos – Romantisísmico. Desde que se volvió una máquina precisa a la hora de fabricar hits, uno de los gestos más inútiles que se replica por todas partes es demandar que Babasónicos saque un disco que vuelva sobre su pasado pre-Jessico. Eso jamás ocurrirá, y si lo hace, será cuando todos dejen de reclamarlo. Adrián Dárgelos ahora alimenta sus inquietudes al mostrarse al mundo como un ícono pop inesperado (¿cómo es que quinceañeras entran en combustión hormonal con un tipo que pasó los cuarenta?) que ha convertido al amor en su epopeya constante. Romantisísmico no tiene los coqueteos oscurantistas de Babasónica ni los ribetes lisérgicos de Trance Zomba. Lo que contiene es una suerte de manual del pop inteligente y efectivo, que va desde las pulsiones electrónicas a la canción desnuda, siempre con una frase ingeniosa, punzante o incómoda (elija la que corresponda) para salirse del lugar común.
  • Andrés Calamaro – Bohemio. ¿Cuál de todos los Calamaro es el verdadero Andrés? ¿El personaje que se trenza en teledirigidos mediáticos? ¿El que sube mash ups y aventuras sonoras de diversa índole a Soundcloud? Bohemio trae a superficie su faceta más notable (y, en este último tiempo, la más postergada): la del orfebre de canciones. Lejos de los coqueteos con otros ritmos, su disco más reciente se encauza en una veta folk rock, un formato “maduro” para un tipo que ya ve a Tacuarentown bien chiquito en el retrovisor del auto. Un regreso a su mejor forma después de tanto navegar a contracorriente.
  • Pablo Malaurie – El beat de la cuestión. Tras la muerte de Mataplantas, Pablo Malaurie jugó a ser (literalmente) un juglar anónimo con El festival del beso, una serie de canciones mínimas exploradas desde un falsete indescifrable, con la compañía de un ukelele, un banjo y demás instrumentos de juguete. El beat de la cuestión es la reformulación expandida de su universo, un puñado de canciones lúdicas de melodías de neón y adhesión instantánea, ahora enriquecidas con arreglos de vientos, baterías electrónicas y guitarras eléctricas.
De afuera:
  • Primal Scream – More Light. La caída de un personaje oscuro y siniestro no es motivo de celebración para Bobby Gillespie. Durante la creación de More Light, Margaret Thatcher murió, pero para la banda de Glasgow, eso no quita que el mundo siga siendo un lugar distante de lo ideal. Su décimo trabajo de estudio es una suerte de compendio de su carrera, en donde su verba politizada atraviesa la música industrial, el free jazz, el post punk, el dub y el garage. Para finalizar el recorrido, “It’s Alright It’s OK” arroja un haz de luz sobre el escenario, con la esperanza de que quizás se pueda sacar algo positivo de todo lo malo.
  • Arcade Fire – Reflektor. Cada disco de Arcade Fire superó en barroquismo y ambición al anterior. The Suburbs llevó las cosas a un punto en el que no era posible otra cosa más que barajar y dar de vuelta. Bajo las órdenes de James Murphy, la big band del indie canadiense se reformuló. Donde antes había aires de Bowie y del chamber-pop de los sesenta, ahora hay un pulso bailable, que enriquece las canciones de siempre. Reflektor parece plantear qué hubiera pasado si Talking Heads hubiera flasheado aún más con el afrobeat, sin que el resultado final suene a otra cosa que Arcade Fire.
  • Paul McCartney – New. El cambio de milenio le sentó de maravillas al beatle macanudo. Aun con resultados dispares, los discos que Macca publicó en este milenio se acomodan entre lo mejor de su carrera solista. New peca de ambicioso al contar con cuatro productores, que llevan a Sir Paul por senderos distintos, pero el resultado vale la pena cuando Ethan Johns lo despoja de todo artificio para dejarlo solo con su voz quebradiza repasando su adolescencia en “Early Days”. Es un beatle, dio bastante más que el resto, y todo lo que vino, viene y vendrá es de yapa.
  • David Bowie - The Next Day. A Bowie siempre le gusto jugar con el misticismo en torno a su propia figura, y su último trabajo de estudio patea el tablero de una manera notable. Ya desde el arte de tapa (una intervención sobre la portada de Heroes), The Next Day se propone volver sobre sus propios pasos, sólo para reescribir su historia. El Bowie que está entrando a la tercera edad interpela al de los ochenta, pero también a la camada de bandas (con Suede a la cabeza) que construyeron una carrera en base a su obra.
  • Manic Street Preachers – Rewind The Film. Los de Gales se pasaron años denunciando todo lo que está mal en el mundo. Por primera vez en su carrera, deciden bajar un cambio, pero el cambio está en las formas y no en el discurso. Sin guitarras eléctricas a la vista, Rewind the Film compila diez viñetas de un paisaje desolador en donde los malos ya triunfaron, pero los buenos todavía tienen algo por lo que vivir. Los Manics tienen acá su propio cancionero de guerra, en donde no todo está perdido si se retoma la marcha hacia adelante.
Comenten: ¿Cuáles fueron los cinco discos de 2013 que más les gustaron?

3 comentarios:

  1. Creo que el disco de Richard se perfila como uno de los que más votos va a juntar durante el trabajo del Jurado de Notables.

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  2. Incandescente fue para mí el mejor disco de música nacional que salió en 2013. Fuera de la escena local me quedo con el de The National. Grandes elecciones las suyas Joaquín.

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  3. Es un gran disco el de The National.

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