miércoles, 19 de febrero de 2014

Chet

Por Clara Sirvén
@clarasirven
Especial para DISCOS PERFECTOS
Chet Baker hizo todo bien y todo mal. El tipo tenía la mejor trompeta del mundo. Perdón: tocaba la trompeta como el mejor del mundo. Era encantadora, suave, hipnotizadora. Después empezó a cantar y su voz tenía el mismo timbre que su trompeta. El mundo se paraba, Chet tocaba y/o cantaba.
Nació en 1929. Tuvo una infancia dura en manos de un padre alcohólico y una madre extremadamente sobreprotectora. A los 16 años dejó el colegio y se "enroló" en el Ejército. Ya desde ese momento hacía su gracia con la trompeta, que le había llegado por su papá. El viejo también había sido músico pero su alcoholismo, su incapacidad de mantener un trabajo y su frustración artística lo hicieron una persona, por decirlo así, poco querible.
Chet comenzó tocando con Stan Getz, pero hizo su primera aparición trascendental en 1952, en la banda de otra leyenda del Jazz, Charlie Parker. Con el paso del tiempo fue opacando a todos sus compañeros primero por su belleza, luego por su talento incomparable. "Esa trompeta llora", decían. "Esa trompeta recita poesía".
Un fotógrafo lo empezó a seguir y retratar en cualquier ocasión, esos años de Chet fueron los de Oro. Los discos se vendían por su foto, pero se amaban por su contenido.
No sabía leer música. Escuchaba una vez y sacaba las notas, tonos, tiempos y le daba lo suyo. La mayoría de sus compañeros, durante los casi 20 años que dedicó exclusivamente a la música (alterados solamente por mujeres, drogas, cárceles y autos), odiaban su personalidad pero admiraban su trabajo. Era un tipo que llegaba tarde, o no llegaba, absolutamente entregado a la droga, sin reacciones, de mal humor,pidiendo plata, violento e ido. Pero tocaba su trompeta y el ser nefasto que aparecía por la puerta se transformaba en magia musical.
Su relación más larga, estable y exclusiva fue con la heroína. En sus últimos años no tenía lugar sano donde picarse en el cuerpo. Andaba con sandalias porque los zapatos no le cerraban de tan lastimados que tenía los pies. Cruzaba fronteras en horas sólo para conseguir droga para un ratito. Se le terminaba y volvía a cruzar. Engañó amigos, jefes, novias, médicos, policías, a quien se le cruzara, para drogarse. Encantaba a las personas, todos lo perdonaban.
En 1966, en alguna pelea por drogas o quién sabe qué, le destrozaron la mandíbula. Perdió gran parte de la dentadura, y cuando quiso tocar otra vez no pudo. Volvió a aprender todo, cómo tomarla, cómo soplar. Pero nunca volvió a ser lo mismo.
Recorrió Europa, dejando una mujer y encontrando otra; tuvo hijos, no los quiso o comprendió; vio morir incontables amigos y compañeros por sobredosis, estuvo preso decenas veces; manejaba como un loco. Vivió mucho más de lo que él habría querido.
Falleció en Ámsterdam, en 1988, a los 59 años, bajo circunstancias dudosas. Voló por la ventana de un hotel. Se había escapado de sus amigos, de su novia y de la abstinencia. Dejó hijos, mujeres enojadas, deudas por todos lados, y una historia musical alucinante.
Para escuchar: Para ver: Para leer: Deep in a dream. La larga noche de Chet Baker

5 comentarios:

  1. Impresionante la historia de Chet. Ideal para acompañar a un día nublado como hoy.

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  2. Tremenda, ahora estoy re manija y voy a tener que conseguir la biografía.
    Aprovecho y dejo picando esto: El jazz es música re franela.

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  3. Ayer #cancionesepsis y hoy #chezzfranela, estamos monotemáticos (?)

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  4. Hermoso texto, buenísima síntesis de una vida muy atormentada. Conocí el jazz hace bastante poco, y con Chet Baker me pasa lo que decían: "Esa trompeta recita poesía". Gracias por compartir el link al documental y al libro!!! Me encantó, Clara!!

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  5. Vos sabes que soy un tipo que puede ponerse un poco monotemático. Y más cuando el tópico se refiere a cosas hot.

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