jueves, 3 de abril de 2014

Huele a espíritu independiente


Por Manuel Soifer
Mucho se venía diciendo sobre el debut de Lollapalooza, que con la edición de Buenos Aires sumaba su tercera sede latinoamericana, además de Santiago de Chile y San Pablo. Dudas sobre los accesos, miedos respecto a la calidad del sonido y la distribución de los escenarios, temores sobre posibles cruces de bandas en la grilla y un sinfin de críticas en su mayoría basadas en comparaciones con Chile, país que va por su cuarta edición y que fue el primero de los elegidos en Latinoamérica por Perry Farrel, ex vocalista de Jane's Addiction y mentor del festival.
Cerca de las tres de la tarde, mientras Juana Molina terminaba su show en el Main Stage 2, el perímentro del Hipódromo de San Isidro ya estaba colmado de gente y la primera de las dudas comenzaba a disiparse. Después de hacer solamente media cuadra de cola (contra los agoreros de la mañana que aseguraban que era imposible el acceso sin antes esperar al menos una hora) la entrada “principal” al Lollapalooza, sobre Avenida Márquez, fue rápida y sin problemas. Es verdad que el ingreso por la otra puerta, sobre Avenida Centenario, fue un poco más complicado ya que el barro, consecuencia de las intensas lluvias del fin de semana (sumado a que desde ahí tenías que recorrer casi 8 cuadras por adentro) no ayudó en nada y aquellos que entraban por ese lado tuvieron más quejas al respecto.
Era evidente que , una vez adentro y con una programación tan extensa (50 bandas en dos días, distribuidas en 5 escenarios) iba a ser realmente imposible estar en todos lados. Pero con un poco de paciencia e ingenio pude escuchar las principales atracciones sin tener que correr de un lado al otro o ver shows por la mitad.
De todas las bandas programadas, Capital Cities fue la primera en ponerse en clima “festivalero”. El dúo que integran Ryan Merchant y Sebu Simonian, al que se sumaron Nick Merwin en guitarra y Spencer Ludwing en la trompeta para terminan de dar el clima necesario, puso a bailar a más de 5 mil personas con canciones pop. Con sus hits “Center Stage” y “Safe and Sound” como caballito de batalla, los oriundos de Los Angeles desplegaron su carisma sobre el escenario con un show hitero que incluyó versiones de Bee Gees, Weezer y Maddona.
Luego de una hora, y mientras Cage the Elephant tocaba en el Main Stage 2, en el escenario denominado Alternative, Jake Bugg me confirmó que, a los 19 años, entendió todo. Acompañado apenas por un bajo y una batería, el británico recoge el guante de los clásicos del folk como Johnny Cash y Bob Dylan, con un sonido que parece salido del sur de los Estados Unidos más que de Nottingham.
La precariedad instrumental de Bugg se ve solventada con el carisma y la técnica. De hecho, lo único que me recordó la edad del cantautor fueron los gritos de las adolescentes (casi unas beliebers) abajo del escenario entre tema y tema. Con un setlist basado en sus dos discos, “Jake Bugg” de 2012 y “Shangri La” de 2013, sus composiciones solo ganan cuando se calza la guitarra eléctrica y recuerda vocalmente a Oasis e incluso a Placebo.
A las 5 de la tarde, cuando empezaba a caer el sol, fui a escuchar al ex vocalista de The Strokes, Julian Casablancas que sin dudas dio el show más flojo de la jornada. Con el sonido saturado (recién podía apreciarse la instrumentación atrás de la segunda columna de redistribución, dispuesta a unos 50 metros del escenario), y con la banda casi probando en el primer tema, Casablancas consiguió, a los pocos minutos de arrancar, que la gente empiece a alejarse y nada hizo por revertir esta situación. De hecho hubo un momento en el que tuvo que apelar a regañadientes a “Reptilia”, hit de sus ex compañeros para conseguir un poco de atención que no fue suficiente para remontar lo que muchos calificaron como
“bochorno”
Antes del cierre y ya sin luz de día si se notó más la sobrecarga de bandas y había que elegir: Lorde o Imagine Dragons por un lado y NIN o New Order por el otro, ya que todos debían terminar puntuales para darle paso a Arcade Fire, que cerraba la fecha.
Si bien todas las críticas hablan maravillas de Lorde, creo que el show de los Imagine Dragons fue muy superior. Aunque la neozelandesa, una suerte de Björk moderna, con bases oscuras que mezclan el hip hop y lo industrial, tiene un manejo escénico impeclable para sus (apenas) 17 años, los Dragons desplegaron sobre en su totalidad la artillería de su disco debut y completaron con una puesta en escena que incluyó un final a todo tambor, con la banda completa tocando repartida en 2 baterías.
En la tercera visita al país, y con tantos cambios de integrantes encima como años tiene la banda, queda en claro que Nine inch Nails ES Reznor y que Reznor siempre va a estar ahí. Con solamente una pared de luces blancas, el líder de la banda demostró que todavía puede hacer muy bien su trabajo y el show que brindó oscila entre pasado y presente de manera armoniosa.
New Order, por su parte, no fue lo que se podía esperar más allá de los hits como Blue Monday que pusieron a todos a bailar y los aclimataron para el final, a cargo de Arcade Fire donde tuvo lugar la única intervención positiva de Julian Casablancas quién, durante el principio del show de los canadienses y disfrazado con la careta gigante de Win Butler, sorprendió a los propios músicos que inmediatamente lo echaron del escenario, entre risas.
Luego del “Casablancas incident”, Arcade Fire arremetió con un show donde cada movimiento estaba pensado, como si fuera más una obra de teatro que un recital de rock done se nota claramente que los de Montreal son una banda de Estadios. En su debut en Buenos Aires, tocaron temas de su primer disco, Funeral ("Rebellion (Lies)" y el tema del cierre "Wake Up"), del segundo, Neon Bible y del tercero The Suburbs, mientras que su último trabajo, Reflektor, editado el año pasado, fue protagonista con el tema homónimo y "Flashbulb Eyes", entre otros. El cierre, con show de fuegos artificiales incluído, llegó apenas pasadas las 23.
En resumen, la primera jornada de la primera edición del Lollapalooza fue positiva, con una distribución de sonido y pantallas acorde y armoniosa, buena señalización y distribución de los espacios y un line-up para todos los gustos. Las fallas estrucuturales si se hicieron notar cuando se hizo de nohe y la iluminación no era suficiente para ver que la salida estaba en la zona más afectada por el agua. Ahora habrá que esperar para ver si con el correr de los años se mantiene el nivel, se mejora o, lamentablemente y como estamos acostumbrados, se bajan los estándares de producción. Mientras tanto, será hasta el 2015.

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