martes, 15 de julio de 2014

Un mes

Por Clara Sirvén y el autor.
Durante un mes fuimos uno solo, un NO ME CALMO, una misma ilusión, un mismo rival, una misma puteada. Un montón de personas gritando a la vez a un árbitro ciego o a un tiro libre mágico. Un mes de contar los días, planear comidas, preguntar "¿dónde lo ves?", festejar en el subte (real), ponerle tapados celestes y blancos a los perritos, pintar la cara de nuestros hijos con los colores de la camiseta, de la bandera, del país.
Un mes de salir a la calle y escuchar bocinazos, y que de la nada alguien grite "Vamos Argentina!", y la cuadra festeje, aplauda, lo grite otra vez. Un mes de abrazarse con desconocidos, tener ganas de vomitar de nervios, alguna que otra lágrima y amar al equipo primero y a los individuales después.
Un mes en el que muchos se largaron a la ventura de conquistar tierras brasileras al compas del decime que se siente, mientras otros tantos se entregaban (nos entregábamos) a la televisión en casa, el streaming de video en la oficina y los teléfonos celulares en la calle. Dónde sea y cómo sea. La consigna era estar pendiente del mundial. Porque la sensación de estar viviendo algo histórico nos fue ganando (aquí y allá) con el correr de la pelota en el verde césped.
Un mes de postergar reuniones, proyectos, ideas, un mes de hasta olvidarse de que el corazón está roto, o que se tiene que terminar de romper, un mes de decir "después del mundial" y lo que sea.
Un mes de leer a todo el país decir "no dormí", o "qué alegría", o "la concha de tu madre", o putear a Annalisa Santi, un mes completo de una sola meta, esa alegría que parece que nos hace falta, que nos sirve para levantarnos más contentos, acostarnos más contentos.
Un mes en el que, por fin, logramos atravesar el Rubicón de los cuartos de final. En el que pasamos de los cuestionamientos previos a la certeza y esperanza desatadas por el viaje interior de un equipo, que se fue convirtiendo en tal a medida que fue saltando etapas. Se fueron veintidós jugadores y una estrella. Volvieron veintitrés héroes.
Un mes a puro carbohidratos y birra, un mes sin límite de horario, ni de lugar, donde sea que hay que ir se va, y después vemos cómo se vuelve. Un mes de escuchar boludeces sobre Messi, milagros de Mascherano, los abdominales de Lavezzi y el culo del Pipa. Nunca nadie gritó tantas veces "Vamos Chiquito" como nosotros, nunca. Nunca tanta gente panquequeó tan orgullosamente desde el “Andate Sabella” de mayo al “Gracias Sabella” de hoy, nunca tanta emoción a la vez en un pequeño y gran país.
Un mes para volver a confirmar, como hacemos cada cuatro años,  que ese arte que se juega con los pies al que llamamos fútbol, nos conmueve hasta límites insospechados, de forma que pocas otras cosas pueden hacerlo (tal vez la música sea una de ellas), poniendo todas nuestras emociones a flor de piel, listas para explotar con un grito de gol, o con el silbatazo final del árbitro.
Un mes. Doscientos siete equipos abajo, tan sólo uno arriba. Y el dueño de casa ni siquiera en el podio. Estamos muy bien. Gracias selección.
PD: Ahora sólo faltan 1424 días para Rusia 2018.

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