lunes, 11 de agosto de 2014

5 días 5 discos

Por Sebastián Chaves (@Discosen140)
Especial para DISCOS PERFECTOS
  • Lunes | The Velvet Underground: “The Velvet Undrground & Nico”. Un arpegio que parece venir de una cajita musical (la celesta tocada por John Cale), da lugar a “Sunday Morning”, una canción que discurre en un eterno fade, cuya fragilidad constante la hace transparentarse todo el tiempo. Es la foto de Volver Al Futuro. ¿Un disco inofensivo, entonces? No, todo lo contrario. Ese comienzo es la estafa más grande del rock and roll. Porque en seguida se suceden historias de dealers, sadomasoquismo, cenicientas con consciencia de ser, jeringas que inyectan heroína y ángeles muertos. Fealdad en forma de disonancias, violencia en forma de pasajes noise, marginalidad en forma de fraseos agarrotados. Once madrigales cargados de urbe en pleno idilio de campiñas hippies. “The Velvet Underground & Nico” no sólo es el inicio de una poética rock destinada a los olvidados, es animarse a bucear en los más bajo de la condición humana, es dejar a la belleza resplandecer entre la mugre.
  • Martes | Charles Mingus: “Tijuana Moods”. Un álbum grabado en 1957 que recién fue editado en 1962 (los casos de discos cajoneados en la historia del jazz son tan sorprendentes como inexplicables). A los 3:44 del track inicial, Clarence Shaw, en medio de su solo, sopla intencionalmente a través de la válvula de evacuación para vaciarla y liberar el tono. ¿Los orígenes del noise? Una melodía interrumpida que evidencia la imposibilidad humana (e instrumental) de la verborragia bebop. Una hermosa manera de sepultar un género, basta de velocidad, hagamos una pausa, respiremos, limpiemos los instrumentos. La trompeta grabada en todas sus funciones, un instante a-musical en medio de una  incursión individual. Y detrás de todo esto, Mingus. Un músico que nunca le tuvo miedo a las sobregrabaciones (esa herejía en el mundo de las primeras tomas) decidió incluir ese instante inenarrable. Malhumorado, irascible, robusto y tan violento como para levantar el contrabajo con la fuerza necesaria para romper el techo de un bar con el clavijero, Mingus, que aplicó toda esa vehemencia a la hora de tocar y componer, siguió grabando discos cinco estrellas (como líder y como sideman) hasta dos años antes de su muerte en 1979. Clarence Shaw discutió con él luego de las sesiones de “Tijuana Moods”, destruyó su trompeta y se dedicó a la hipnosis en lo que fue el primero de una serie de retiros de la música a lo largo de su vida.
  • Miércoles | Sumo: “After Chabón”. El último de una trilogía perfecta. Un profesor en la UBA se encargaba de dejarnos en claro que los grupos de revival medieval eran inútiles, que se podía reconstruir todo menos el oído de la época. Para quiénes nacimos post-Sumo nos es imposible reconstruir el rock argentino pre- Luca. ¿Cómo se hacía, se pensaba, se decía y se consumía nuestro rock antes de “Divididos Por La Felicidad”? ¿Y cómo vivirlo después de “After Chabón”? Luca hizo lo que quiso, literalmente. O literariamente. O ambas. Hizo valer su condición de outsider idiomático para generar imágenes únicas: la luna devenida mula; un diminutivo con ecos de golosina; Uruguay y Chivilcoy unidos imaginariamente por una ruta pavimentada con caprichos cacofónicos. En “After Chabón” Luca sabía que se estaba yendo, sus compañeros también lo sabían. Y el disco, entonces, está lleno de primeras tomas, de recortes desprolijos e inflexiones con la urgencia de lo inexorable. “After Chabón” es la instantánea de un grupo que procesó el postpunk y superó a muchos de sus referentes (The Pop Group), es la inmortalización hasta de su filler más injustificado: Luca canta “Noche De Paz” y nunca más volvió a vivir una.
  • Jueves | Marco Sanguinetti. “8”. Cuando un disco es ambicioso y logra los resultados propuestos, el placer de la escucha es infinito. El jazz no está hecho para conservadores y su vitalidad depende de la vitalidad de sus músicos. Desentenderse del canón, actualizarse, expandir los límites y alimentarse de otras músicas sigue siendo el verdadero ADN del género. En “8”, Marco Sanguinetti entiende todo. Y también resuelve todo. Se escucha como resuenan Piazzolla, Radiohead y hasta Anton Webern en la intro atonal de “Cuchillo”, pero, sobre todo, se escucha una música original, fresca, que mira para adelante y no se queda en la masturbación virtuosa del standard cristalizado. El quintento (más los invitados) moldea la masa sonora para convertirla por momentos en canción, por momentos en bloques macizos y por momentos en un metal derretido que se chorrea por los parlantes. El jazz, en su constante búsqueda de universalidad, encuentra en Argentina una de las prolongaciones más naturales de una escuela que descolló en Suecia con el Esbjörn Svensson Trio.
  • Viernes | Parliament: “The Mothership Connection”. En 1975 George Clinton se dio cuenta que para lograr la ansiada liberación afroamericana no alcanzaba con bañar de chocolate la ciudad ni pintar de negro la Casa Blanca (faltaba mucho para que el mundo soporte a un negro como presidente de su país más influyente) y decidió ir por una revolución interplanetaria. Mothership Connection marca el comienzo de una imaginaria construida a partir del delirio de Clinton acompañado por la experticia de un dream team de músicos funkeros (varios de ellos habían hecho sus primeras armas con James Brown). El colectivo musical dotaría definitivamente al género de la contundencia y la actitud escénica necesaria para constituirse en un grito imposible de callar. Maquillajes, arreglos de viento, botas con plataforma, sintetizadores contagiosos, raros peinados nuevos, grooves incesantes, disfraces coloridos y voces entrelazadas: el funk como forma de ser en un contrapunto polivalente que es la diversión en su estado más puro y necesario.
Lunes: Martes: Dizzy Moods by Charles Mingus on Grooveshark Miércoles: Jueves: Viernes:

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