jueves, 2 de octubre de 2014

Un nuevo comienzo



Fotos: http://richardcoleman.net
Richard Coleman tuvo finalmente su noche histórica en la tradicional avenida Corrientes. Más que una presentación en sociedad de Incandescente, su excelente último álbum, el show en el Opera sirvió como un repaso de casi treinta años de carrera. El músico, además de tocar su material más reciente, revisitó, y en algunos casos reformuló, viejas canciones de Fricción (con una incendiaria versión de A veces llamo), de Los Siete Delfines y  covers como Computer world de Kraftwerk, To bring you my love de PJ Harvey y Down by the river de Neil Young, con el que dio inició al recital.
Coleman impecablemente vestido, de excelente humor (hay que mirar para adelante, por eso vamos a tocar un tema de los ochentas, dijo en un momento) y visiblemente emocionado por la magnitud del evento se puso al frente de una banda que supo combinar juventud, en las manos de Bodie en teclados y guitarras; Diego Cariola en batería, y experiencia, con el aporte de Daniel Castro en el bajo y Gonzalo Córdoba en guitarras. Más el aporte de los invitados Leandro Fresco, Alejandro Lerner, Daland de La Armada Cósmica y un cuarteto de cuerdas. Haciendo equilibrio entre la oscuridad de sus viejas canciones y el registro más luminoso de sus últimas composiciones, Richard Coleman, además de animarse a jugar al guitar hero,  volvió a mostrarse como el soberbio cantante que es.
Fue una noche especial desde todo punto de vista. El reciente fallecimiento de Gustavo Cerati le agregó una cuota extra de emotividad a la velada. El ex líder de Fricción supo escaparle a la sensiblería con un par de menciones (mi amigo está en la platea más alta), tocando Caravana (de Ahí vamos) y dedicándole Azulado (compuesta por Coleman y grabada por Soda Stereo en Nada Personal). Por afinidad personal, musical y estética entre ambos músicos, sobrevoló en el teatro una sensación de posta, de cambio de mando tácito.
La sobriedad de la puesta en escena, con el escenario prácticamente desnudo, luces blancas y un arreglo de bombitas incandescentes que cobró protagonismo durante el set acústico, funcionó como ejemplo visual de la sobriedad (el Coleman bueno) con la que el artista encaró esta etapa en su carrera.
En una entrevista con la revista Los Inrockuptibles a mediados de la década del noventa, Richard Coleman hizo referencia a una frase del escritor William Blake que dice “el camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría”. Casi veinte años después de aquella nota, después de un largo recorrido de excesos, de permanecer en el gueto del músico de culto, de sanaciones, el otrora príncipe de la oscuridad del rock nacional tuvo su noche consagratoria con un show a sala llena en el Teatro Opera. El punto de llegada de un proceso iniciado con Siberia Country Club, su primer disco solista. Y el comienzo de un nuevo periplo. 

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