miércoles, 24 de diciembre de 2014

Los discos de 2014 (Parte 12)

Por Joaquín Vismara (@joaquinvismara)
Internacionales
  • Jack White - “Lazaretto”. Que si usa una guitarra casi de juguete comprada por dos mangos, que si graba como se hacía en el Pleistoceno, que si saca los discos en un formato de vinilo lleno de chiches (todos divinos, por cierto)... detenerse en lo accesorio es no reparar en la importancia de la existencia de Jack White en 2014. Lejos de la artificialidad, el ex White Stripes retoma las raíces del rock y el blues rural, y las pone en diálogo con el presente a fuerza de riffs de guitarra. Directo, sin vueltas. Como tiene que ser.
  • Damon Albarn -”Everyday Robots”. Pasó con Blur, y también con Gorillaz, The Good, The Bad & The Queen y Rocketjuice & The Moon. Cada vez que Albarn vio que su inquietud artística no encajaba con algún proyecto actual, creó alguno nuevo para no quedarse con las ganas. Su debut solista es una colección de canciones que en apariencia se presentan como mínimas, pero que esconden una complejidad enorme (y que se reformulan en vivo, como se vio en el Gran Rex). La sensibilidad británica puesta en diálogo con la world music y el minimalismo electrónico.
  • Manic Street Preachers - “Futurology”. En 2013, los Manics planearon dos discos antagónicos entre sí. En ese año salió “Rewind the Film”, acústico e intimista. Para 2014, “Futurology” presentó su otra faceta, la más conocida. Guitarrera, combativa, con mismas dosis de punk, pop y estribillos de rock de estadios (aprendé, Foo Fighters). A más de veinte años de su debut, los galeses todavía conservan un halo de frescura que los mantiene vigentes, y eso está lejísimos de ser un mérito menor.
  • Tom Petty & The Heartbreakers - “Hypnotic Eye”. No es fácil seguir sacando discos después de cuatro décadas de carrera sin caer en el formulismo. Al igual que McCartney, Dylan y Neil Young (presente unas líneas más abajo), Petty pertenece a ese club selecto de artistas que, aun lejos de sus años mozos, puede darse el lujo de sacar en la actualidad discos que se ubican entre lo más loable de su carrera. Lejos de ser una excusa para volver a salir de gira, “Hypnotic Eye” suena a lo que es: un tipo y su banda haciendo canciones sinceras y, ante todo, disfrutando lo que hacen.
  • Neil Young - “Storytone”. Lejos de hacer la plancha, Young no se detiene. Salvo excepciones, los discos que publicó en los últimos cinco años se ubican entre lo mejor que hizo. “Storytone” no es la excepción, y lo es por mérito doble: no sólo por la belleza de sus canciones, sino por el antagonismo de su propuesta. Un disco doble, con el mismo repertorio, pero reformulado. De un lado, Neil con su guitarra. su piano y su armónica. Del otro, las mismas canciones, pero acompañadas por una orquesta de 96 músicos o una sección de vientos en plan Nueva Orleans. No somos dignos.
Nacionales
  • Acorazado Potemkin - “Remolino”. Más que una continuación de “Mugre”, el segundo disco de Acorazado gana en precisión. El disco se grabó en tres días, y esa urgencia se siente en cada tema. Vean sino cómo la base rítmica se saca chispas con la verba filosa de Juan Pablo Fernández en “El pan del facho” y “A lo mejor”.Tres tipos con un pedigree extenso demostrando por enésima vez que el todo y la suma de las partes son dos cosas más que distintas.
  • Morbo y Mambo - “BOA”. ¿Se puede buscar un cambio de estilo sin perder la esencia? El segundo disco de Morbo y Mambo es la respuesta afirmativa a este interrogante. A la fórmula afro beat de su debut, el grupo sumó sintetizadores y cimbronazos guitarreros que eliminan todo tipo de anclaje temporal. “BOA” es tan futurista como espacial.
  • Les Mentettes - “Between Ones and Zeros”. Otro disco que celebra la voluntad de cambio. Después de tres álbumes con una búsqueda de orfebrería pop, Les Mentettes puso chapas industriales al servicio de su sensibilidad melódica. Como si Trent Reznor se dispusiera a hacer canciones de Belle & Sebastian.
  • Pez - “El manto eléctrico”. Algunos formatos pueden, a la larga, resultar una limitación. Ariel Minimal revierte esta noción, al mantener un power trío que puede hacer un disco que no suene al trabajo anterior. En veinte años de carrera, Pez cambió, amplió y redujo su formación, y esa voluntad mórfica arrojó resultados tan diversos como destacables.
  • El Perrodiablo - “Cacería”. El estudio limita a El Perrodiablo. Sus discos dejan entrever una rabia contenida a la que le sueltan la correa en el escenario. “Cacería” no busca reinventar la rueda ni nada que se le asemeje, pero ofrece algo sumamente sano para las bandas locales: que escuchar el disco dé ganas de ir a verlos en vivo.

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