miércoles, 17 de junio de 2015

Otra historia de amor: Fernando OC

Por Fernando OC (Supersivo)
Especial para DISCOS PERFECTOS
Quizás porque mi viejo atesoraba sus Winco, sus Spika y sus viejas fotos como tesoros invaluables, es que la enfermedad viene desde la cuna. Por ese motivo o algún otro que aún no logro desasnar, siempre me gustó lo antiguo. Alguna vez escuche en la tv un señor que decía “confío más en las cosas que tienen oxido” y me pareció una frase adorable.
En el caso de las guitarras, el tiempo las hace adorables. Con el transcurrir de los años, muchas van quedando en el camino, desvencijadas, quebradas, olvidadas en algún placard  y eso transforma a las sobrevivientes, en especiales, dignas de ser observadas, queridas y mimadas.
En mi caso, no es solo el fetiche profundo lo que me lleva a buscarlas, el hecho de que otras manos la hayan tocado, le confiere historias inimaginables, un espíritu propio, una personalidad. Y no quiero dejar de lado, que las guitarras son de madera, provienen de la tierra y ese solo hecho, les da una sabiduría implícita.
Con los años, sus maderas se vuelven más afables, más confiables y sus viejos micrófonos, su cableado de tela, transmiten texturas ruidosas, como el pellizco de un vinilo. Por supuesto, la edad no viene sola, y sus piezas, pueden fallar y de hecho, fallan. Esto, les da un humor bipolar, por el cual un día te seducen con su dulzura, su amabilidad y al otro te sopapean con sus enojos inentendibles. Y ESTE, ES SU ENCANTO PRINCIPAL.
Hoy por hoy, mis preferidas son una Schecter Ultra III Cream y una FAIM Devil Jaguar del 65’. La primera, es una pre-adolescente de 10 años y es una reedición de un prototipo que se realizó hace 40 años por el dueño de la marca. Por lo que tengo entendido (La fábrica muy amablemente me respondió un mail), solo se hicieron 200 y no por exclusividad, sino por su color amarillo desgastado baño de los 60s, que no le gusto a nadie y por ende, no se vendió como la marca esperaba. A mí personalmente, me encanta. Hoy se fabrica el mismo modelo, en otros colores. Su madera es de Caoba de las Indias Occidentales (mi preferida), es una madera dura, pero elástica, es confiable y le da buena afinación y buen sonido. Sus micrófonos son una re-edición de los mic de las viejas guitarras huecas de jazz de los 50’s, los Duncan Designed FG-101B… Estos le dan un sonido áspero, ruidoso… tienen pelo, gruñen. Es la que uso para grabar y para el 80% del vivo. Con un Fuzz Factory, son como uña y mugre.
La segunda, es la FAIM Devil Jaguar del 65’. Pertenece a la época dorada en la fabricación de guitarras eléctricas nacionales, en donde se hacían diseños exclusivos, inventos como agregarle efectos a las guitarras y otras locuras (Hoy creo que estamos en una época similar, con grandes luthiers, con grandes ideas, mucha calidad y por ende excelentes guitarras!) Esta marca es Argentina y lamentablemente, por ser nacional, le sobrevuela un prejuicio de mala fabricacion, en algunos casos con razón, en otros, no. FAIM a lo largo de su historia, siempre tuvo un standard de calidad variable, y esto tenía que ver con el luthier de fábrica del momento, con los tipos de madera, los micrófonos y las piezas en general, que en ese periodo llegaban al país.
Mi humilde consejo, es que con esta marca o alguna otra nacional, como kuc, Fratti, Morgan, Mellow String, etc las toquen, que se amiguen y si nace el amor, ahí está el único juicio de valor que importa.
Esta guitarra en particular, la estuve persiguiendo por 2 años, la vi en diferentes vidrieras, en diferentes dueños, me rechazaron una y otra vez las ofertas, hasta que ya vencido, me llego un mensaje vía Facebook… “Vi tu publicación y yo tengo una guitarra como la que buscas vos”… Y era ella, era la misma, la que tenía ese plástico roto, la de la rajadura en su cuerpo, la escrita con fibron en su clavijero. El destino es el destino y ella es preciosa. Le funciona todo a la perfección y tiene todas sus piezas originales, inclusive los cables internos. Solo fue remplazado el puente, ya que el original no logro aguantar el paso de los años (50 ya!!!).
Su sonido es filoso. Es ruidosa, ya que, por ciertos “errores” en su fabricación, acopla fácilmente. Esto, puede ser molesto para algunos, para mi es su alma diabólica tratando de escapar.  Su mástil es gordo, nada que ver con las delicadas Fender o las anatómicas Parker. Es ruda, grosera… Y arriba de todo, su clavijero gigante, su pala descomunal… como la de una retroexcavadora… Siempre pensé que Whole lotta Rosie de Ac/Dc estaba dedicada a ella. De sus maderas, no tengo información precisa, pero tiene muy buena afinación y elasticidad. Por último, tiene un efecto fuzz incluido, un raro invento, poco amable, ruidoso como si clavaras una katana samurái en los parlantes de tu celular… pero es la cereza del postre. Le suma a la perfección de su imperfección.
Podría hablar mil horas más de ellas, dando infinidad de datos poco importantes y pido disculpas si me puse baboso o verborragico, pero el que alguna vez se enamoró, me entenderá.

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