martes, 3 de mayo de 2016

Corre por tu vida

Corro entre dos y tres veces por semana. Más por necesidad que por verdadero gusto por la actividad, cosa que por ahora me mantiene alejado de cierta logia runner muy de moda por estos tiempos que… corren. Un año atrás, cuando los cuarenta aparecieron en el horizonte acercándose a velocidad crucero, se encendieron todas las alarmas y fue momento de poner los pies (y el bocho) en acción.
Una genética bastante benevolente me permite disimular las cuatro décadas con gracia y elegancia. Por lo general no suelen acertar la edad que tengo, lo cual no quita que no haya que cuidar el cuerpo. O al menos intentarlo. Además ciertos rollos rebeldes a la altura del abdomen pedían a gritos un tratamiento no invasivo. 
La fatiga que me generaba el leve calentamiento previo antes de jugar a la pelota, también fue otro indicador importante a la hora de intentar emular a Forrest Gump. El pique desde la línea de fondo hasta la mitad del campo de juego, en cancha de fútbol cinco, me dejaba en un estado similar al apunamiento.
Además de los innegables beneficios físicos que conlleva el ejercicio de correr, dicen por ahí que también ayuda a enfocarse, a aclarar los procesos de pensamiento y ordenar las ideas. No tengo ningún tipo de objeciones sobre lo primero, pero tengo mis serias dudas respecto a lo segundo. Después de transitar la pista de atletismo del Parque Chacabuco durante algo más de un año, puedo asegurar ante escribano público que mi cabeza sigue siendo un rompecabezas con piezas faltantes. Más sano puede ser, lo otro te lo debo.
Corro con música, es condición sine qua non. Auriculares in ear porque los de arco por razones obvias son inviables. Eventualmente, escucho algún disco completo, alguna novedad que se imponga. Pero lo que suena por lo general es una lista de canciones ideada especialmente para calzarse las zapatillas y salir a quemar calorías. Las piezas que la componen suele ir variando para mantener el interés, aunque hay algunas de ellas que son inamovibles, que conforman una suerte de columna vertebral. Un playlist energético y poderoso armado para que el climax llegue al final, cuando las energías están casi agotadas y los últimos metros se hacen eternos. Cuando necesitamos un empujón postrero para lograr el objetivo. Todos somos un poco Balboa cuando esos temas empiezan a sonar.

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