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jueves, 3 de abril de 2014

Huele a espíritu independiente


Por Manuel Soifer
Mucho se venía diciendo sobre el debut de Lollapalooza, que con la edición de Buenos Aires sumaba su tercera sede latinoamericana, además de Santiago de Chile y San Pablo. Dudas sobre los accesos, miedos respecto a la calidad del sonido y la distribución de los escenarios, temores sobre posibles cruces de bandas en la grilla y un sinfin de críticas en su mayoría basadas en comparaciones con Chile, país que va por su cuarta edición y que fue el primero de los elegidos en Latinoamérica por Perry Farrel, ex vocalista de Jane's Addiction y mentor del festival.
Cerca de las tres de la tarde, mientras Juana Molina terminaba su show en el Main Stage 2, el perímentro del Hipódromo de San Isidro ya estaba colmado de gente y la primera de las dudas comenzaba a disiparse. Después de hacer solamente media cuadra de cola (contra los agoreros de la mañana que aseguraban que era imposible el acceso sin antes esperar al menos una hora) la entrada “principal” al Lollapalooza, sobre Avenida Márquez, fue rápida y sin problemas. Es verdad que el ingreso por la otra puerta, sobre Avenida Centenario, fue un poco más complicado ya que el barro, consecuencia de las intensas lluvias del fin de semana (sumado a que desde ahí tenías que recorrer casi 8 cuadras por adentro) no ayudó en nada y aquellos que entraban por ese lado tuvieron más quejas al respecto.
Era evidente que , una vez adentro y con una programación tan extensa (50 bandas en dos días, distribuidas en 5 escenarios) iba a ser realmente imposible estar en todos lados. Pero con un poco de paciencia e ingenio pude escuchar las principales atracciones sin tener que correr de un lado al otro o ver shows por la mitad.
De todas las bandas programadas, Capital Cities fue la primera en ponerse en clima “festivalero”. El dúo que integran Ryan Merchant y Sebu Simonian, al que se sumaron Nick Merwin en guitarra y Spencer Ludwing en la trompeta para terminan de dar el clima necesario, puso a bailar a más de 5 mil personas con canciones pop. Con sus hits “Center Stage” y “Safe and Sound” como caballito de batalla, los oriundos de Los Angeles desplegaron su carisma sobre el escenario con un show hitero que incluyó versiones de Bee Gees, Weezer y Maddona.
Luego de una hora, y mientras Cage the Elephant tocaba en el Main Stage 2, en el escenario denominado Alternative, Jake Bugg me confirmó que, a los 19 años, entendió todo. Acompañado apenas por un bajo y una batería, el británico recoge el guante de los clásicos del folk como Johnny Cash y Bob Dylan, con un sonido que parece salido del sur de los Estados Unidos más que de Nottingham.
La precariedad instrumental de Bugg se ve solventada con el carisma y la técnica. De hecho, lo único que me recordó la edad del cantautor fueron los gritos de las adolescentes (casi unas beliebers) abajo del escenario entre tema y tema. Con un setlist basado en sus dos discos, “Jake Bugg” de 2012 y “Shangri La” de 2013, sus composiciones solo ganan cuando se calza la guitarra eléctrica y recuerda vocalmente a Oasis e incluso a Placebo.
A las 5 de la tarde, cuando empezaba a caer el sol, fui a escuchar al ex vocalista de The Strokes, Julian Casablancas que sin dudas dio el show más flojo de la jornada. Con el sonido saturado (recién podía apreciarse la instrumentación atrás de la segunda columna de redistribución, dispuesta a unos 50 metros del escenario), y con la banda casi probando en el primer tema, Casablancas consiguió, a los pocos minutos de arrancar, que la gente empiece a alejarse y nada hizo por revertir esta situación. De hecho hubo un momento en el que tuvo que apelar a regañadientes a “Reptilia”, hit de sus ex compañeros para conseguir un poco de atención que no fue suficiente para remontar lo que muchos calificaron como
“bochorno”
Antes del cierre y ya sin luz de día si se notó más la sobrecarga de bandas y había que elegir: Lorde o Imagine Dragons por un lado y NIN o New Order por el otro, ya que todos debían terminar puntuales para darle paso a Arcade Fire, que cerraba la fecha.
Si bien todas las críticas hablan maravillas de Lorde, creo que el show de los Imagine Dragons fue muy superior. Aunque la neozelandesa, una suerte de Björk moderna, con bases oscuras que mezclan el hip hop y lo industrial, tiene un manejo escénico impeclable para sus (apenas) 17 años, los Dragons desplegaron sobre en su totalidad la artillería de su disco debut y completaron con una puesta en escena que incluyó un final a todo tambor, con la banda completa tocando repartida en 2 baterías.
En la tercera visita al país, y con tantos cambios de integrantes encima como años tiene la banda, queda en claro que Nine inch Nails ES Reznor y que Reznor siempre va a estar ahí. Con solamente una pared de luces blancas, el líder de la banda demostró que todavía puede hacer muy bien su trabajo y el show que brindó oscila entre pasado y presente de manera armoniosa.
New Order, por su parte, no fue lo que se podía esperar más allá de los hits como Blue Monday que pusieron a todos a bailar y los aclimataron para el final, a cargo de Arcade Fire donde tuvo lugar la única intervención positiva de Julian Casablancas quién, durante el principio del show de los canadienses y disfrazado con la careta gigante de Win Butler, sorprendió a los propios músicos que inmediatamente lo echaron del escenario, entre risas.
Luego del “Casablancas incident”, Arcade Fire arremetió con un show donde cada movimiento estaba pensado, como si fuera más una obra de teatro que un recital de rock done se nota claramente que los de Montreal son una banda de Estadios. En su debut en Buenos Aires, tocaron temas de su primer disco, Funeral ("Rebellion (Lies)" y el tema del cierre "Wake Up"), del segundo, Neon Bible y del tercero The Suburbs, mientras que su último trabajo, Reflektor, editado el año pasado, fue protagonista con el tema homónimo y "Flashbulb Eyes", entre otros. El cierre, con show de fuegos artificiales incluído, llegó apenas pasadas las 23.
En resumen, la primera jornada de la primera edición del Lollapalooza fue positiva, con una distribución de sonido y pantallas acorde y armoniosa, buena señalización y distribución de los espacios y un line-up para todos los gustos. Las fallas estrucuturales si se hicieron notar cuando se hizo de nohe y la iluminación no era suficiente para ver que la salida estaba en la zona más afectada por el agua. Ahora habrá que esperar para ver si con el correr de los años se mantiene el nivel, se mejora o, lamentablemente y como estamos acostumbrados, se bajan los estándares de producción. Mientras tanto, será hasta el 2015.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Una noche en el Zaguan Sur

Por Manuel Soifer
Especial para DISCOS PERFECTOS
EspeEn Zaguán al Sur (ZAS) se presentaron Santi Moraes y Los Transeúntes, junto Los Bluyines y Miro y su Orquesta de Juguete. Dos bandas de La Plata y una de Capital Federal, en una fecha deforme, rockera y hermosa, de esas que a Charly García le parecen una mierda.
Apenas habían pasado unos minutos de la medianoche cuando Santi Moraes, una de las voces de Los Espíritus, subió al escenario del ZAS (Moreno 2320) junto a Los Transeuntes (esta vez con Nicolás Miranda, Martín Ferbat, Vero Cid y Gabi Silinger), para presentar “Las canciones de Santi”, disponibles en versión absolutamente casera en santimoraes.bandcamp.com.
La formación de la banda no es ni definitiva ni estable, pero sin dudas cada una de las composiciones, pensadas y grabadas por Moraes en el living de su casa con el micrófono de la laptop, se adaptan perfectamente y solamente ganan cuando se suma la banda. El nombre de Los Transeuntes, cuenta Moraes, tiene que ver con esta dinámica de formación: “La banda no es estable porque yo no soy estable y entonces muta y además todos los músicos que me ayudan a hacer las canciones tienen otros proyectos entonces a veces no pueden venir y hay que buscar reemplazo. Por eso se llama Los Transeuntes. Y también porque las canciones hablan de la gente que pasa por la calle, son historias de personas que caminan por ahí viviendo cosas”
Son esas canciones, justamente, la que recogen lo más tradicional del rock y el blues pero con el sello particular de Santi, que con su guitarra acústica y la armónica colgando tiene incluso momentos que recuerdan a Luca Prodan en “La canción que describe”, a Miguel Abuelo con “El linyera de la plaza” e incluso pasajes con influencias de Bowie, como la melodía de “Ana Laura”, un relato minimalista sobre el debut sexual que en vivo gana en potencia y deja atrás la sutileza.
Cuando terminaron de tocar Los Transeuntes, llegó el turno de la primera banda platense de la noche, Los Bluyines. El quinteto liderado por Tomás Vilche en guitarra y voz, al que se suman Imanol Sánchez, Marco Dómini, Julián Rossini y Sergio Caparelli, suena como si Juanse hubiera tenido que escribir “Tommy” en los primeros años de los Ratones Paranoicos. Un colchón de psicodelia, disparado desde los teclados y sintetizadores de Rossini hace que el beat que consiguen Sánchez en batería y Caparelli en bajo se luzca y la banda suene como una máquina para hacer bailar, mientras que los dos guitarristas (Vilche y Dómini) terminan de darle forma a las canciones, que po supuesto se pueden escuchar en losbluyines.bandcamp.com
El cierre de la noche, o más bien la apertura de la madrugada, llegó de la mano de Miro y su Orquesta de Juguete. Esta banda, la segunda de La Plata en subir en la noche al escenario del ZAS, es el proyecto que encabeza Ramiro García Morete, un cantautor aplomado, capaz de soportar comparaciones directas con Andrés Calamaro, Nacho Vegas e incluso Bob Dylan.
Para entender un poco más, si La Venganza de los Nerds tuviera su remake en la ciudad de las diagonales, en una versieon más moderna, esta sería probablemente la banda que cierre el baile en algún gimnasio de básquet local.
Con la base de sus dos primeros discos, “Los Caminos” de 2010 y “La Humanidad” de 2013, también disponibles para escuchar en http://miroysufabulosaorquestadejuguete1.bandcamp.com, las composiciones de la banda son parejas, un cancionero simple y con una melancolía alegre que recuerda a los inicios del rock español (que como dijo Sabina, es un invento argentino).
En resumen: una noche deforme, rockera y hermosa, de esas que a Charly García le parecen una mierda y que demuestra que, al menos en un circuito de Capital Federal, el rock sigue aún vigente.

jueves, 18 de abril de 2013

La supremacía de Muse


Por Cristian Kragelj (@CrisKragelj)
Especial para DISCOS PERFECTOS
Primavera es lo que marca el almanaque Neoyorquino, pero no así lo demuestra sus temperaturas (muy frío por  las mañanas), y así es como me vine a  esta fría e increíble ciudad para ver a Muse, "TERRIBLE" banda Inglesa, a mi entender y gusto, una de las mejores que podríamos encontrar hoy en día en la escena de la música rock. No solo por lo que vienen demostrando a través de su historial discográfico sino por lo que MUSE, es y demuestra en vivo sobre el escenario (Y ACÁ SI QUE LO DEMOSTRO), una verdadera aplanadora tsunamica musical en la que por momentos se combina lógicamente el rock (de eso estamos hablando) con la música clásica, conocida es ya la formación musical de Bellamy, su cantante.
Señore, una humilde recomendación de quien suscribe, antes de contarles nada, cuando la gira de 2nd Law llegue a la Argentina, si les gusta la música, no dejen de ir, lo que están mostrando en la presentación de su último disco es IMPERDIBLE con una puesta en escena propia del escenario del 360 Tour de  U2, casi una nave espacial. Creo que cuando Muse se presentaba como banda soporte en la ultima gira de U2, se deben haber planteado, nosotros tenemos que hacer algo del estilo... Y así debe ser como aquel escenario "arácnido" de U2, muto a este piramidal de Muse.
Así es como ante un Madison Square Garden "repleto" estos ingleses (amo la música inglesa) demostraron el porqué ya por segundo año consecutivo son elegidos como la mejor banda en el mundo en cuanto a la performance en vivo. ¡Literalmente te matan!.
Arrancaron el show con un cuadriplete perfecto del último disco: el instrumental "The Second Law: Unsustainable", grabado, ellos no estaban sobre el escenario, terminando el tema comienza a bajar una pirámide espejada del ciberespacio se monta sobre el escenario, larga el segundo tema, "supremacy", la piramide se desplaza hacia arriba y ante la sorpresa, la banda ya a pleno sobre el escenario tocando, "de locos", el Madison explotaba. Luego le siguieron "Panic Station" y "Follow Me" para pegarles ya uno de sus super hits "Supermassive Black Hole", el show transcurria hasta llegar a un punto importante, promediando, largan con "Hysteria", finalizandolo, con un Bellamy de rodillas pega, con esa maestría para tocar la guitarra, al mejor estilo Hendrix el himno de los Estados Unidos... Bueno como explicar el momento. Se venía abajo el Madison (¿harán lo mismo con nuestro himno si desembarca esta gira por nuestras tierras? Gran pregunta).
Mas tarde y ya para terminar se despidieron con el olímpico "Survival" (digo porque fue el tema de los últimos juegos)...
Es la tercera vez que veo a esta banda MÁGICA. La primera allá por el 2008 en el Gran Rex, la segunda cuando fueron soportes de U2 en La Plata, en realidad aquella vez fui a verlos a ellos, siendo los irlandeses una yapa y esta ultima en Nueva York.
JAMAS en vida de todos los recitales que vi escuche a una banda que suene TAN fuerte y con TANTA nitidez como estos animales.
Tras ver a Roger Waters creía que ya nada podría llegar a ser igual, me equivoque, MUSE me produjo casi lo mismo que aquella otra vez.
Dios y los empresarios quieran y podamos disfrutar de este "2nd Law Tour" en Buenos Aires porque es imperdible...
¡Fue una hora cuarenta minutos de felicidad y música!

miércoles, 17 de abril de 2013

El tiempo pasa, seguimos siendo oscuros.


Foto: Telam
Por Cristian Kragelj
Especial para DISCOS PERFECTOS
¿Como explicar y contarles breve y objetivamente una noche "tan felizmente" extensa sin aburrir cayendo en las redundancias?
Quiero contarles que mi primera inversión musical en mi vida (en música se invierte, NO se gasta) fue "Staring At The Sea - The Singles", hermoso disco recopilación, de haya por 1986, un poco esto para que me entiendan desde donde viene mi romance con The Cure.
Años y años de mi vida esperando este momento, verlos en vivo, ya que aquella fatídica primera ves en 1987, por suerte o desgracia (?), no pude...
Este 2013 nos entrega tal privilegio y vemos a un The Cure remozado, hace ya unos años, con cambios en su formación original que creo le hicieron muy bien a la banda; musicalmente sumaron, y si bien tuvieron un cambio, la escencia de la banda siguió siendo la misma.
¿Por qué?. Porque sus pilares fundamentales siguen firmes al píe del cañón. Claro está, el mismísimo Robert Smith poseedor de un carisma y personalidad, a pesar de su timidez, descomunal y de un "E-NOR-ME" Simon Gallup. The Cure sin Simon Gallup sería el 50% de lo que es la banda hoy en día. Es sorprendente la exquisitez y contundencia que muestra en vivo Gallup al mando del bajo. En mi vida me llamo "tanto" la atención un bajista como él. Y a las pruebas me remito, quienes tuvieron la dicha de estár ayer en River recuerden temas como "A Forest"; "The Walk" o "Fascination Street", demoledora la presencia del instrumento de las cuatro cuerdas en estos temas. Eso si el amigo Simon nos deja con cierta bronca porque en su particular estilo de tocar "muchas" veces está de espaldas al público y no nos permite disfrutarlo del todo.
¿Qué decir del tío Robert, como se lo llama en @DiscosPerfectos?, ya lo conocemos... un frontman y líder con una sensibilidad y humildad que llama la atención. Él en su mundo y metido para adentro como es, maneja todo a la perfección y un punto a remarcar, que lo diferencia de todos los rock stars, no necesita de un stage manager que le esté colgando y descolgando las guitarras, de eso se ocupa él.
La historia de la banda es amplia, con discos mejores que otros y todos ellos plagados de hits que nos los regalaron casi todos, en menor medida en lo que fue set list inicial del show, reservandose lo mejor de lo mejor para un sprin final para el recuerdo, y sino miren, con temas como (en la parte final): Kiss me, kiss me...; If Only Tonight We Could Sleelp; In Between Days; Close To Me; The Caterpillar; Just Like Heaven; Hot Hot Hot; Fight; Why Can I Be You; One Hundred Years; Boys Don´t Cry; 10:15 Saturday Night y Killing an Arab.
Fueron 3 horas y 15 minutos in interrumpidos de rock (díganme que banda toca todo ese tiempo) y mucho frío (noche helada), donde por momentos, el viento les jugaba una mal pasada ya que en ciertos pasajes el sonido no era bueno, hecho que no resta para nada en lo que fue el resultado final.
Ya terminando el recital, el "tío Robert" se despedía diciendo: "thanks for your fucking love" y un "We will see you again" en clara alusión a todos los años que no quiso volver a visitarnos.
Nos encontramos con una banda que dío todo, nada amarreta, dejaron todos, "TODO" y si bien nos fuimos con los huesos helados (mucho frío) nuestro espíritu se fue lleno y tibio de tanto rock.
A la luz de los acontecimientos, "LA CURA", no tiene CURA, dejalo así Robert, que así esta bien...


Comenten: ¿Fueron a ver a The Cure? ¿Cuál fue el pico de emoción más alto? ¿Qué sensaciones les dejo el recital?

martes, 16 de abril de 2013

Hasta pronto Roberto


Foto: www.tn.com.ar
No importa el frío. Se siente en cada hueso, en los dedos entumecidos, pero no importa. De verdad. Cuando se apagan las luces del estadio, una vez que la oscuridad, nunca más oportuna, nos cubre con su manto, allá sobre la pantalla del escenario empiezan a brillar unas tenues estrellas que van ganando en intensidad hasta desembocar en la introducción de Plainsong. Nos estamos desintegrando. De la emoción. De ansiedad producto de la larga espera. Está tocando The Cure. Y esta tercera noche del grupo en la Argentina, veintiséis años después, será la vencida. La reconciliación ansiada.  
No hay novedades en el repertorio, se sabe. The Cure viene a ponerse al día con nosotros. A hacer un repaso en vivo de su carrera.  Un resumen de treinta y tantos años de historia, la trayectoria de una banda atomizada en un setlist demoledor de cuarenta canciones. Desde el paisaje opresivo y post punk de A forest, hasta la euforia pop melancólica de Friday I’m in love. Tres horas de show, de canciones tocadas una atrás de la otra, un tour de forcé desmedido para el no iniciado. Pero que sin dudas constituye una caricia para el fanático.
Por lo menos esta noche, las canciones de The Cure, aún las más up tempo no parecen estar hechas para el baile, para el fragor del pogo frenético. Hay flotando una sensación de euforia contenida. De algo que se vive para adentro. El público se entrega a una especie de trance hipnótico llevado a ese estado por el sonido de la banda y por el excelente set de visuales proyectado en la pantalla durante los temas.
Robert Smith, extraña y fascinante criatura, empieza  a tejer su telaraña sobre nosotros y pronto nos tiene listos para la cena. Su presencia es magnética. Bailotea como una marioneta freak, con la guitarra colgando sobre sus hombros, gime, gruñe, gesticula. Y canta bien. Canta muy bien, con una voz intacta que suena igual que en esos discos que escuchamos en nuestras habitaciones una, y otra, y otra, y otra, y otra vez.  
Claro que el tío Roberto no está solo para llevar adelante la faena. A su espalda se erige el monumental e hiperquinetico Simon Gallup. El bajista recuerda, en postura y modo de tocar, todo lo que The Cure tuvo de punk en sus inicios.  Sobre su espalda, sobre su  machacante línea de bajo se van sumando la firmeza y ductilidad de Jason Cooper en batería,  un medido (sobre todo sí se lo compara con su época como ladero de David Bowie) Reeves Gabrels en guitarra y las texturas, algo fundamental en la música del grupo, que salen desde los teclados de Roger O'Donnell.
Cuando el show cruza la frontera de las dos horas, en el momento del primer receso, hay algunos que se dejan vencer por el frío y escapan en busca de calor. O quizás buscando luz ante tanta oscuridad. ¿Cómo saberlo? Los demás seguimos firmes, soportando el aliento gélido del viento, convencidos de que esperamos demasiado tiempo para flaquear. Que todavía queda un largo trecho por recorrer. Queriendo exprimir cada segundo, cada nota, seguros de que lo mejor está por llegar.
No estamos errados. Lo que sigue tras el descanso es un mini set de tres canciones dedicado al disco Kiss me, kiss me, kiss me, que arranca con Robert Smith poseído por el espíritu de Jimi Hendrix, haciendo equilibrio sobre su wah wah, para  tocar The Kiss. Sigue con la lisérgica y caleidoscópica If only tonight we could sleep. Para cerrar con Fight.
The Cure logra esquivar con elegancia aquello de lo bueno, sí breve. Pero no logra escapar del todo concluye al fin. La tercera y última parte, será, por así decirlo, la parte más festiva del show.  El punto y aparte de una noche fría y mágica. La postrera tanda de hits saca al público, que hasta ensaya un tibio canto futbolero para saludar a la banda, de su trance. Una vez que Killing an arab marca el final, Smith se despide con un “will see you again”. Una sutil promesa de reencuentro. Un saludo que, paradójicamente, regala esperanza tras una prolongada velada dark.
Comenten: ¿Fueron a ver a The Cure? ¿Cuál fue el pico de emoción más alto? ¿Qué sensaciones les dejo el recital?

jueves, 4 de abril de 2013

Al menos por una noche, 60.000 human beings were Given to fly

Foto: Tomás Correa Arce/http://www.tommyboy.com.ar/
Por Ana Mancuso (@animancuso)
Especial para DISCOS PERFCTOS
Voy a comenzar haciendo una aclaración para quienes siguen este blog, porque el que avisa…
En esta review no se van a encontrar con una cronología, o un repaso del setlist en Buenos Aires o apreciaciones mega-objetivas acerca del desempeño de la banda, de su calidad de sonido, de su contacto con el público, del número exacto de asistentes al show, etc etc. Un poco porque (el que me conoce, incluso poco, lo sabe), cuando yo hablo de algo que me gusta - y más cuando me gusta tanto como es el caso de Pearl Jam – no soy medida, no soy racional, no soy ordenada, sino todo lo contrario. Otro poco porque, juzgar “objetivamente” a Pearl Jam es imposible. El que los vio en vivo sabe de lo que hablo; el que tuvo la enorme fortuna de estar este pasado miércoles en Costanera Sur va a estar por completo de acuerdo, y el tema es que, a una banda que te deja su corazón en el escenario, no se la puede juzgar de otra manera que, precisamente, con el corazón.
También es necesario que les diga que a pesar de ser una banda que hace mucho tiempo que me gusta, por diversas circunstancias no pude estar presente las dos veces anteriores que tocaron en el país, por lo cual esta presentación la esperaba con una ansiedad que se me hacía difícil de manejar.
Por todo eso, cuando se apagaron las luces del predio y empezó a sonar Release, no les exagero si les digo que una corriente eléctrica me atravesó el cuerpo y se me empezaron a caer las lágrimas. El viaje por el que Eddie, Mike, Stone, Jeff, Matt nos iban a llevar no iba a estar compuesto por destinos aburridos, aptos para el turista poco arriesgado del rock.
Durante dos horas y media (que se sintieron como 10 minutos) Pearl Jam nos paseó por destinos completamente diferentes pero igual de intensos:
  • Nos llevó a la Tierra del Desenfreno justo después de Release, con Even Flow, tierra a la que volvimos por ejemplo con Do The Evolution o Got Some o Save You,
  • Nos hizo pasar por la Isla de los Deseos concediendo un In Hiding porque “This is a request”,
  • Nos llevo al País de la Emoción (Y no se quedó como observador sino que se metió en el barro de estos territorios con nosotros) con Given To Fly, Jeremy, Better Man o Alive,
  • Nos partió el corazón en la Ciudad de las Lágrimas (y los dejamos que lo hagan sin problemas porque sabemos que ellos después nos lo vuelven a arreglar) con ese 2x1 Just Breathe / Black,
  • Nos permitió visitar por un ratito el Valle del Orgullo y la Euforia cuando Vedder dijo “Esperamos que Brasil no esté escuchando, pero queremos ser completamente honestos con esto y ustedes nos volaron la cabeza”
  • Y nos dejó jugar sin restricciones en el Estado de la Alegría con I Believe In Miracles y Rockin´ In A Free World.
En resumen, nos llevaron por todos los estados mentales y emocionales por los que se puede pasear, pero sin hacerlo como lo hace un observador que está conduciendo un experimento y observa, en el sujeto, los resultados. Ellos fueron parte de todos esos estados, se fundieron completamente con el público y la síntesis que de nosotros y ellos resultó, el producto final entre la mezcla de 6 individuos por un lado, y 63.000 por otro fue de una energía tan intensa que, al menos a mi, todavía me está costando canalizar. 
Y todo esto ocurrió sin artilugios de ningún tipo: Ni escenarios estrambóticos, ni visuals diseñados para anonadarte el cerebro, ni ningún otro recurso del estilo. Todo esto lo lograron ellos con sus instrumentos y su voz, como por otro lado siempre fue su estilo.
Como comenté en otro lugar, fue la primera vez que salí de un recital sin sentir que la banda a la que había ido a ver me había dejado con ganas. En este caso, aunque los hubiera escuchado por muchas horas más, salí del predio abrumada y feliz, sintiendo que la conexión había sido absoluta (Hay que decir que, sin dudas, en esto Eddie tiene un gran porcentaje de responsabilidad: el es el nexo conductor entre toda la banda y la gente y se comunica con el público sin frases hechas ni demagogia. Es genuino, la humildad con la que habla se siente genuina. A Eddie yo le creo), que ellos dejaron todo para nosotros y que el agradecimiento por la noche que vivimos y el amor que existe entre ellos y nosotros es mutuo y recíproco. Ellos parecieron estar haciendo música para un público con la emoción y la excitación de una primera vez. Y siguen siendo esa banda de amigos que se juntó por amor a la música, que sentía deseos y necesidad de expresarse, que la pasa bien tocando, que ama lo que hace y ama hacerlo con quienes lo hace. Nada más que en lugar de tocar en un bar o en un teatro chiquito, tocan en un estadio ante decenas de miles de personas que vibran cantando con ellos.
Tal vez esta review fue un tanto personal, ojalá me lo perdonen.
Es que el 3 de Abril, en Costanera Sur, Pearl Jam me regaló una de las noches más felices de mi vida.

Comenten: ¿Pudieron ver a Eddie Vedder y compañía en su tercera visita a la Argentina? ¿Qué les pareció? ¿Qué sienten por Pearl Jam?
Pearl Jam - Jeremy

martes, 2 de abril de 2013

Catarata de éxitos


Foto: Infobae
Poco más de una hora y media, dicen que lo bueno si es breve es dos veces bueno, le alcanzo a The Killers para plantar la bandera de Las Vegas y conquistar por tercera vez la ciudad de Buenos Aires. El pibe Flores y compañía se adelantaron a las nubes amenazantes que cubrieron GEBA y el resto de la ciudad, desatando una tormenta hits, que cayo sobre un público agradecido. La noche del domingo será nuestra noche dijo el cantante. Y cumplió.
Con implacable timming, la banda pareció saber perfectamente que es  lo que el público quería oír, actuando en consecuencia. Para cumplir con esa exigencia, armaron un setlist infalible que puso a todos a bailar desde el momento que la guitarra de David Keuning arremetió en la apertura del show con el arpegio de Mr. Brightside, hasta el cierre de los bises con When you were young.
Fue un recital en modalidad grandes éxitos. La lista de temas hizo foco especialmente en Hot Fuss, el disco debut del grupo de Las Vegas, repasando brevemente sus otros álbumes e  incluyendo sólo cuatro canciones de Battle Born (Miss Atomic Bomb, The way it was, From here and out y la festejada Runaways), el trabajo discográfico que están presentando en esta gira.
Flowers fue el maestro de ceremonia, tirando algún evitable guiño demagógico, pero poniéndole el cuerpo y la voz a la causa, caminando el escenario, metiéndose a los presentes en el bolsillo a fuerza de carisma. A su lado, sus compañeros construyeron una sólida pirámide musical. La presencia silenciosa y firme en el bajo de ese clon de Luis Zubeldía que es Mark Stoermer y el volcánico golpe en los parches de Ronnie Vannucci Jr. Mientras que Keuning levantó paredes de sonidos con sus arpegios y efectos en la guitarra.
El punto fuerte The Killers, su marca de fábrica, está en la épica. Ahí está su apuesta ganadora. En esas canciones mid tempo que parecen estar hechas para crecer como bombas pequeñitas y explotar (con juegos de luces, visuales, fuegos artificiales, papeles metalizados, cualquier cosa que ayude a reforzar el golpe) en medio de estribillos gloriosos que ponen a todos a volar. De seguro no será el pogo más grande del universo. Pero tampoco pretende serlo. Lo saben ellos. Lo sabe el público. Y lo disfrutan todos.
Nota del autor: Gracias eternas y totales a Yamila Trautman.
Comenten: ¿Estuvieron el domingo en GEBA? ¿Qué les pareció el show? 

martes, 27 de noviembre de 2012

Los dinosaurios


Foto: Tomás Correa Arce http://www.rockmetommyboy.com.ar/
Por Nahuel Brandolini (@muycolor)
Especial para DISCOS PERFECTOS
En lo que intenta ser la crónica de un recital que le queda en demasiado grande a quien les habla, haré lo posible por transmitirles lo que es ver a ese bandón llamado Dinosaur Jr. La ficha técnica nos dice que es una banda formada por Joseph Donald Mascis (J), Louis Knox Barlow (Lou) y Emmett Jefferson Murphy III (Murph) y que supieron sacar más de diez discos de estudio, sin embargo, lo que nos compete (?), no es esto, sino más bien lo que se decidieron a hacer, tocar en el cono sur.
A veces nos pasa que, cuando somos jóvenes, nos preguntamos cómo seremos al llegar a los cuarenta. ¿Llegaremos a formar una familia? ¿Dejaremos de lado todo eso que nos apasiona por ese futuro del que tanto se nos habla? ¿Lograremos ese famoso éxito que dice estar a la vuelta de la esquina?
Esto no les pasó a J Mascis. Les puedo asegurar que el muchacho jamás se hizo ninguna de esas preguntas pelotudas. Creo que con un par de datos voy a darles una idea. El pibe subió al escenario con una remera azul de los Grizzlies, un equipo franquicia de la NBA.
No hace falta mucho decir más que un "hello, thank you for coming" y se da por comenzada una bola de saturación guitarrera, peterhookeadas (!) en el bajo y una tromba en la batería. Ni mas ni menos, lo que vinimos a buscar.  Por las escasas dos horas que lo tuvimos en frente, Mascis, se preocupó únicamente por su guitarra. Por la afinación de la misma, por asegurarse que la saturación sea lo suficientemente ensordecedora. Hasta le hizo carita de "apurate pibe" a Lou cuando el muchacho quiso interactuar con la manga de desaforados que tenía en frente. La actitud fue la misma durante todo el recital y el público únicamente interactuaba con Lou, que intentaba esbozar alguna que otra palabra e español. Pese a la sequía verbal, cómo no querer a la persona que supo ser héroe del anti-héroe (?) guitarrero de los 90 por excelencia, un muchacho -como yo- llamado Kurt Cobain.
Si hay algo que le llamó la atención de este curioso no-cronista (?), fue la agitación por parte del público. Puedo dar fe que hace mucho que no veía tanto, pero tanto, mosh en un recital. Estamos acostumbrados al pogo, a las rondas de pogo, a las corridas y así, siempre con una pizca o un poco más de mosh. En este caso, desde el segundo o tercer tema, el tránsito rápido del público  por paso a nivel al escenario aumentó más que el kilo de filet en semana santa (?). Una cosa de locos. Una de esas demostraciones de que por más que los años  pasen, el alma se mantiene joven. No la mía, que se encontraba plácidamente parada al fondo, donde se ve y se escucha bien. En pocas palabras, un choto.
Como soy realista y no considero que lo mío sea algo profesional, ni mucho menos una reseña periodística, les recomiendo una nota y un álbum de fotos para que se informen por personas que están preparadas para hacer lo que otros no.
Extra: Dado el temita de la concentración de Mascis con la guitarra y su alejamiento de la tercera dimensión (?), no pude dejar de hacer el paralelismo entre lo que estaba presenciando con la descripción que hizo un conocido bloguero argentino sobre Messi. Al que quiera y pueda reemplazar pelota por guitarra y Messi por Mascis, bienvenido sea.
Comenten: ¿Fueron a ver a Dinosaur Jr.? ¿Qué les pareció?
Dinosaur Jr – Feel the pain
Del disco Without a Sound (1994) 
Fuente: https://www.youtube.com/user/kurtinsa

lunes, 22 de octubre de 2012

Una excursión a la Costanera

Foto: Facebook oficial del festival
Indudablemente, el comienzo de la edición 2012 del festival organizado por la gaseosa número dos del mercado, quedará ligado a la sucesión de cancelación, confirmación, reprogramación y cancelación definitiva del show de Kasabian. La falta de respeto hacia el público de todos los involucrados en el Kasabiangate quedará como la mancha que afecto el humor de aquellos que compraron su entrada queriendo ver principalmente a la banda inglesa.
Lo que sigue es un breve repaso por las alternativas de la tarde noche del jueves pasado. Sujétense que ahí vamos.
18.00: Ingreso al predio. Ahora sí la organización es lo suficientemente clara. Hoy no se presentará Kasabian reza un cartel. Gracias por avisar.
18.20: Deborah De Corral, la modelo, conductora de TV y ahora cantante a la que sólo le falto una figurita para llenar el álbum de Soda Stereo (sutileza) hace su presentación en el stage 2. Alguien me hace notar que la gran cantidad de referencias al cansancio en las canciones. ¿De qué estará cansada Debora? No lo sabemos. Aún así, su pop cancionero es una muy grata sorpresa. Habrá que prestarle más atención en el futuro.
18.50: El escaso público no hace honor a la trayectoria del gran Richard Coleman. Pero eso no hace mella en el señor oscuro del rock nacional, que sale con su sombrero de cowboy dispuesto a rockearla.
De vuelta en el formato de banda, después de las presentaciones de su disco A song is a song, Coleman hace un recorrido por su primer trabajo solista, Siberia Country Club. Arrasa en Normal con Gonzalo Córdoba descollando en el solo de guitarra que en la versión de estudio fue grabado por Gustavo Cerati, que será homenajeado cuando suene su tema, Dios nos libre.
Héroes, el clásico de David Bowie apropiado por Richard en la época de Fricción, llega para bajarle el telón al show. El cierre cuenta con la presencia de Wallas como vocalista invitado.
19.25: Es el turno de The Maccabees en el escenario número dos. La banda dueña de uno de los mejores discos del año, se recomienda fervientemente escuchar Given to the wild, brinda un show bien british, medido y sin excesos. Su cantante, Orlando Weeks (que a lo lejos tiene un parecido físico con Don Henley, vocalista de The Eagles), se gana el favor de las damas presentes con su amabilidad y sus constantes “muchas gracias” en trabajoso español.
The Maccabees hace en doce canciones, un breve paneo de sus tres discos editados hasta el momento. Juega con una propuesta por momentos climática y envolvente, en la que los músicos parecieran encontrar una manera de entrar en trance buscando un punto fijo en el piso del escenario.
20.15: Hambre mata Best Coast. Sale hamburguesa y botella de agua mineral en uno de los puestos especialmente habilitados para la ocasión. Con las provisiones en mano, recorrida por la zona de entretenimientos. Hay peluquería, local de astrología y un stand del programa de televisión Cupido. Algo me dice que esto no es rock. Breve parada técnica en los baños químicos.
21.10: Gossip la rompe y se transforma, para mi gusto, en la sorpresa y lo mejor de la primera jornada peleando cabeza a cabeza con Garbage por esa distinción. Beth Ditto llega y se pone el festival al hombro. Canta, baila, y entrega un despliegue escénico que sería la envidia de más de un frontman en mejor estado físico.
Por arte de magia, o por la magia de la música mejor, el predio de Costanera Sur se convierte en una pista de baile al aire libre con el público entregado a los encantos de Ditto que se mofa de los ausentes (vamos a hacer todos covers de Kasabian) y sobreactúa el lugar común del artista maravillado por el “mejor público del mundo”.
La banda termina su breve pero contundente set de ocho temas con Heavy cross, la canción que los hizo conocidos, con su portentosa vocalista abajo del escenario, entregándose al amor de la gente.
22.00: Un flaco de barba sube al escenario con guitarra al hombro. Alguien grita Pizzorno. Hay sorpresa y algarabía. Pero no. Es un técnico de guitarra. Vuelve la decepción.
22.15: Lo de Garbage es sencillamente demoledor. Una trompada de beats electrónicos y guitarras distorsionadas y repletas de efectos administrada por tres músicos experimentados y una diosa gélida y mortal.
A Shirley Manson le basta con poner un pie en el escenario para captar la inmediata atención de los presentes. Vestida de negro con una capa, es una vampiresa. La gente se rinde a su encanto, ofrendando su cuello en forma simbólica.
La banda parece recibir con beneplácito la noticia de ser la encargada del cierre de la primera noche. Y lo demuestra extendiendo un set que mezcla algunas de las canciones de su nuevo disco editado este año, Not your kinf of people, con temas de su repertorio que hasta altura ya son clásicos indiscutibles. Así, pasan Queer, Stupid girl, Only Happy When It Rains, llevando al público en un imaginario viaje en el tiempo hacia la década del noventa.
00.25: Un grupo de gente con remeras de Kasabian todavía espera al pie del escenario 1. Parece que al final, Sergio sigue con nana y no viene. Alguien grita algo sobre prender todo fuego. Otro grita desaforado, sólo se entiende la palabra empalar. No me quedo para ver el resultado.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Aquel último concierto


No hubo sorpresa cuando se anunció la separación de Soda Stereo. Esa era una posibilidad con la que, como fanático de la banda, había aprendido a convivir más o menos desde 1993 en adelante. Rumores iban. Rumores venían. Así que cuando el final, con su correspondiente gira latinoamericana, fue una realidad, sólo fue cuestión de comprar la entrada para el último concierto y esperar la noche del 20 de septiembre de 1997. Hace exactamente quince años atrás.
Una de las cosas que más me quedaron grabadas de esa noche fue el frío. El frío que me calo hasta los huesos porque, en un alarde de valentía inusitada, fui de bermudas, remera con la tapa de Dynamo y bucito canguro, porque creí que el calor de la muchedumbre iba a ser abrasador y me cobijaría de la temperatura todavía invernal de la ciudad de la furia.
Y el frío de los Soda entre sí, desperdigados, casi desconectados en ese escenario blanco y enorme. Como una representación de la distancia que fue erosionando la salud de la banda para desembocar en esa ceremonia de despedida en la cancha de River. Esa distancia entre ellos que se fue acortando con el correr de las canciones. Recuperando por un rato, la magia de sus mejores momentos. Aún cuando el horizonte, la línea de llegada, se nos hacia a todos, músicos y público, cada vez más palpable.
El “gracias totales” fue lo que quedo como cierre oficial, la ocurrencia de un cantante intentando explicar el torbellino de emociones que lo atravesaban. Pero es ese “a volar todos viejo” gritado por Cerati segundos después de que el riff de De música ligera nos despegara del suelo por última vez, lo que aún me sigue generando un nudo en la garganta.
Porque ahí, saltando, gritando en el medio de una multitud emocionada, finalmente ya no pude contenerme. Entendí que en ese punto y aparte, que en cierto sentido era como despedir a un amigo, también le bajaba al telón a una parte importante de mi vida. Y me largue a llorar como un chico, porque mi banda se estaba separando.
Después, caminando por las calles de Nuñez buscando el camino de regreso a casa, helado otra vez, pero sostenido por los brazos amigos de quienes me acompañaban,  sentí esa canción que clamaba por volver a verlos, como en el 86. Quizás lo intuí. Quizás no. Quizás fueron recuerdos del futuro juntos. No lo sé. Lo que si tengo claro, es que no fue necesaria una máquina del tiempo para que eso ocurriera…
Comenten: ¿Estuvieron en El último concierto de Soda? ¿Qué les genero la separación de la banda?
Soda Stereo – El último concierto
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